Cuando entramos en un aula es habitual escuchar a los adultos (padres, madres, abuelos, educadores…) que acompañan a los niños  un único comentario a las acciones, logros o cualquier cosa que muestren los pequeños: ¡muy bien! Solo y simplemente dos palabras. A veces no importa lo difícil que haya supuesto para el niño alcanzarlo, lo definimos con un calificativo corriente. En este artículo para la reflexión, Alfie Kohn nos propone cinco razones para dejar de decir ¡muy bien!

alfie kohn
Kohn nació y se crió en Miami Beach, Florida. Ha impartido clases en los niveles de secundaria y universitarios en Pennsylvania y Massachusetts, y vive en el área de Boston con su esposa y dos hijos. Trabaja como investigador independiente y no está afiliado a ninguna institución. Es un escritor estadounidense y conferencista que ha explorado una serie de temas en la educación, la crianza de los hijos, y el comportamiento humano. Se le considera una figura destacada en la educación progresista

Estas son las razones:

Manipular a los niños.

Suponga que usted ofrece una recompensa verbal para reforzar el comportamiento de un niño de dos años que come sin regar, o de un niño de cinco años que limpia sus materiales de arte. ¿Quién se beneficia de esto? ¿Es posible que el decir a los niños que han hecho un buen trabajo tenga menos que ver con sus necesidades emocionales que con nuestra propia conveniencia? Rheta DeVries, profesora de educación en la Universidad del Norte de Iowa, se refiere a esto como “control con cubierta de azúcar”. Muy parecido a las recompensas tangibles -o, para el propósito, castigos- es una forma de hacer algo a los niños para conseguir que ellos cumplan con nuestros deseos. Puede ser efectivo en producir estos resultados (al menos por un tiempo), pero es muy diferente a trabajar con los niños. Por ejemplo, entablar una conversación con ellos a cerca de qué es lo que hace a una clase (o a una familia) funcionar sin problemas, o cómo otras personas son afectadas por lo que hemos hecho -o dejado de hacer. Este último enfoque no solo que es más respetuoso si no que no es efectivo para ayudar a los niños a convertirse en personas reflexivas. La razón por la cual los elogios pueden funcionar a corto plazo es que los niños pequeños están hambrientos de aprobación. Pero nosotros tenemos la responsabilidad de no aprovecharnos de esta dependencia para nuestra propia conveniencia. Un “¡Muy bien!” para reforzar algo que hace nuestras vidas un poco más fáciles puede ser un ejemplo de tomar ventaja de la dependencia de los niños. Los niños también pueden empezar a sentirse manipulados por esto, incluso si ellos no pueden explicar a ciencia cierta por qué.

Crear adictos a los elogios.

De seguro, no todo uso de elogios es una táctica calculada para controlar el comportamiento de los niños. Algunas veces felicitamos a los niños solamente porque estamos genuinamente complacidos por lo que han hecho. Sin embargo, incluso en esos casos, vale la pena poner más atención. En lugar de aumentar la auto estima de un niño, los elogiados pueden incrementar su dependencia hacia nosotros. Mientras más decimos “Me gusta la forma en que tú….” o “Muy bien hecho…”, incrementa la dependencia de los niños hacia nuestras evaluaciones, nuestras decisiones acerca de lo que está bien y mal, en lugar de aprender de sus propios juicios. Esto los lleva a medir su valor en términos de lo que a nosotros nos hará sonreír y darles un poco más de aprobación. Mary Budd Rowe, una investigadora de la Universidad de Florida, descubrió que los estudiantes que eran elogiados profusamente por sus profesores eran más indecisos en sus respuestas, más proclives a responder en un tono de voz de pregunta (mm, ¿siete?). Tendían a retractarse de una idea propuesta por ellos tan pronto como un adulto mostraba su desacuerdo. Además, tenían menos tendencia a perseverar en tareas difíciles o compartir sus ideas con otros estudiantes. En resumen, “Buen trabajo!” no les da seguridad a los niños; en última instancia, los hace sentirse menos seguros. Este tipo de frases puede incluso crear un círculo vicioso en el que mientras más recurrimos a los elogios, más parecen los niños necesitarla, por lo que los elogiamos aún un poco más. Penosamente, algunos de estos niños se convertirán en adultos que continúan necesitando a alguien que les dé una palmada en la espalda y les diga si lo que hicieron estuvo bien. De seguro, esto no es lo que queremos para nuestros hijos e hijas.

Robar el placer de un niño.

no more okAparte del problema de dependencia, un niño merece disfrutar de sus logros, sentirse orgulloso de lo que ha aprendido a hacer. También merece decidir cuándo sentirse de tal o cual forma. Pero, cada vez que decimos, “¡Muy bien”, le estamos diciendo al niño cómo sentirse. De seguro, hay momentos en los que nuestras evaluaciones son apropiadas y nuestra guía es necesaria – especialmente con niños que ya caminan y de edad pre-escolar. Pero una corriente constante de juicios de valor no es ni necesaria ni útil para el desarrollo de los niños. Desafortunadamente, seguramente no nos hemos dado cuenta de que “¡Muy bien!” es una evaluación tanto como lo es “¡Muy mal!” La característica más notable de un juicio positivo no es que este sea positivo, si no que es un juicio. Y a la gente, incluyendo a los niños, no les gusta ser juzgados. Yo disfruto y guardo las ocasiones en las que mi hija logra hacer algo por primera vez, o hace algo mejor de lo que lo había hecho hasta ahora. Pero trato de resistir al reflejo de decir “¡Muy bien!” porque no quiero diluir su alegría. Quiero que ella comparta su placer con migo, no que me mire buscando un veredicto. Quiero que ella exclame, “¡Lo hice!” (lo que ocurre regularmente) en lugar de preguntarme con incertidumbre, “¿Estuvo bien?”

Perder el interés.

“¡Muy bonita pintura!” puede hacer que los niños sigan pintando por el tiempo que nos mantengamos mirando y elogiándolos. Pero, advierte Lilian Katz, una de las principales autoridades nacionales de educación en la temprana infancia, “una vez que se quita la atención, muchos niños no volverán a esa actividad nuevamente.” Efectivamente, una cantidad impresionante de investigaciones científicas han mostrado que mientras más recompensamos a la gente por hacer algo, más tiende a perder el interés por cualquier cosa que deban hacer para obtener recompensas. Ahora el punto no es dibujar, leer, pensar, crear – el punto es tener el regalo, sea este un helado, un sticker o un “¡Muy bien!”. En un estudio de problemas conducido por Joan Grusec de la Universidad de Toronto, los niños pequeños que fueron elogiados frecuentemente por muestras de generosidad, tendían a ser un poco menos generosos en el día a día, de lo que eran los otros niños. Cada vez que ellos han oído “¡Muy bien por compartir!” o “Estoy muy orgulloso de ti por ayudar”, ellos perdían el interés por compartir o ayudar. Estas acciones vinieron a verse no como algo valioso en su propio sentido de lo justo, si no como algo que deben hacer para obtener nuevamente esa reacción del adulto. La generosidad se convierte en el medio para un fin. Motivan los elogios a los niños? Por supuesto. Los motivan a obtener elogios. Desgraciadamente, esto sucede frecuentemente a expensas del compromiso hacia cualquier cosa que ellos estaban haciendo y que provocó un elogio.

Disminuyendo el Desempeño.

Como si no fuera suficientemente malo que un “¡Muy bien!” pueda menoscabar la independencia, el placer y el interés, puede también interferir con cuán bien los niños hacen una tarea. Los investigadores continúan hallando que los niños que son elogiados por hacer bien un trabajo creativo tienden a tropezar en la siguiente tarea- y no les va tan bien como a los niños que no fueron elogiados al principio. ¿Por qué sucede esto? En parte porque los elogios crean una presión de “continuar el buen trabajo”, llegando a interponerse en el camino de lograrlo. En parte porque su interés en lo que hacen puede disminuir. En parte porque ellos se vuelven menos propensos a tomar riesgos – un prerrequisito para la creatividad- una vez que comienzan a pensar sobre cómo hacer que esos comentarios positivos continúen viniendo.

éxito fracaso

Kohn entiende la dificultad de su plantemiento, por eso propone tres posibles respuestas:

* No diga nada. Algunas personas insisten en que un acto servicial debe ser “reforzado” porque, secreta o inconscientemente, ellos piensan que fue una casualidad. Si los niños son básicamente malos, entonces se les debe dar una razón artificial para ser buenos (a saber, recibir una recompensa verbal). Pero si este cinismo es infundado-y muchas investigaciones sugieren que lo es-entonces los elogios no serían necesarios.

* Diga lo que vio. Un enunciado simple, sin evaluación (“Te pusiste los zapatos por ti mismo” o incluso solamente “Lo hiciste”) dice a su hijo que usted se dio cuenta. También le permite a él sentirse orgulloso de lo que hizo. En otros casos, puede tener sentido hacer una descripción más elaborada. Si su hijo hace un dibujo, usted podría ofrecer unas observaciones -no un juicio-sobre lo que usted ve: “¡La montaña es inmensa!”, “¡Hijo, de seguro usaste mucho color morado hoy día!” Si un niño hace algo cariñoso o generoso, usted podría atraer su atención sutilmente hacia el efecto de esta acción en la otra persona: “¡Mira la cara de Abigail! Ella parece muy feliz ahora que le diste un poco de tu comida”. Esto es completamente diferente a un elogio, en el que el énfasis está en cómo usted se siente acerca de la acción hecha por su hijo.

* Hable menos, pregunte más. Incluso mejores que las descripciones son las preguntas. Por qué decirle a él qué parte de su dibujo le impresionó a usted cuando puede preguntarle qué es lo que a él le gusta más de su dibujo? El preguntar. “Cual fue la parte más difícil de dibujar?” o “¿Cómo hiciste para hacer el pie del tamaño correcto?” es probable que alimente su interés por el dibujo. Decir “¡Muy bien!”, como lo hemos visto, puede tener exactamente el efecto contrario.

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Vale, y ahora, ¿qué podemos hacer? Yo trato de llevarlo a la práctica en el aula, y me resulta complicadísimo. Pero simplemente el hecho de que cada vez que digo ¡muy bien! a un niño me planteo que quizá pude haber dicho otra cosa me parece un paso más adelante. Una estrategia que estoy empezando a utilizar es tener un repertorio más amplio: me parece genial, lo lograste, vale… para no tener que repetir siempre esas dos palabras que acaban vacías de mensaje. Pero quizá lo más sencillo sea verbalizar las acciones del niño o simplemente quedarse callado.

Copyright © 2001, 2007 por Alfie Kohn. Este artículo puede ser bajado de internet, reproducido, y distribuido sin permiso siempre y cuando cada copia incluya este anuncio juntamente con la información de las citas (Parents, mayo de 2000, Alfie Kohn). Traducción de Mónica Salazar (www.FamiliaLibre.com) con autorización expresa del autor.  Se debe pedir permiso para reimprimir este artículo en un trabajo publicado o para ofrecerlo de venta en cualquier forma. Por favor escriba en inglés a http://www.alfiekohn.org/contactus.htm

Texto AlfieKohn |

Imagen HibbenPhotography | AlfieKohn | TyeshaSnow | Shutterstock | Ar_es

Profesional del aprendizaje en la infancia. Aprendiendo cómo aprenden los niños. Diplomado en Educación Infantil e Inglés; Grado en Magisterio Infantil y Primaria; Máster en Pedagogía Sistémica CUDEC. Trabaja como tutor en 2º Ciclo de Educación Infantil en el Colegio Cristo de la Guía (Madrid, España).

23 Comentarios

  1. El tema del artículo me interesa desde hace unos años ya.

    Estoy de acuerdo que el «muy bien» o «muy mal» no debería usarse tanto. Me gusta ver propuestas para reemplazarlo con algo (aunque decir nada pueda ser lo más apropiado a veces).

    En vez de decir muy bien, suelo hacer una pregunta sobre lo que ha percibido o sentido el niño. De está forma, creo que fomenta el conocimiento de sus propias emociones.

    Saludos,
    Sebastian

  2. Un tema muy interesante Pablo.
    Yo siempre digo a mis compañeras que en general hablamos demasiado a los niños. Y no se trata tanto de lo que decimos sino de cómo lo decimos. Un buen ejercicio es grabar-se… cuando te escuchas… da mucho para reflexionar.
    Además sabes que en esta etapa el lenguage no verbal es fundamental… un gesto, una mirada, una sonrisa… llegan donde no llegarian nunca las palabras.
    Vale la pena reflexionar hasta que punto el acompanyamiento que le damos a cada niño realmente le reafirma en su autonomia y hasta que punto le hace dependiente… De esta manera creo que el educador que establece vínculos sanos y tiene claro su lugar como adulto puede saber encontrar las palabras, los gestos, las miradas adecuadas a cada niño/a en cada momento…
    Muchas gracias por compartir. Un abrazo.

  3. Muy interesante; deberíamos pararnos más a menudo a reflexionar. Dice Marien Fuertes que en general hablamos demasiado a los niños y estoy de acuerdo. Como anécdota contaré que la semana pasada comprobé como, a pesar de estar afónica y poder hablar poco y bajito, mi grupo funcionaba perfectamente. Qué orgullo. Que bien se siente uno sin tener que estar dando indicaciones todo el rato. Y qué autonomía genera en el grupo.

    Gracias por compartirlo Pablo. Un saludo.

  4. Hola Pablo,a veces los padres temen que los niños se acostumbren a depender de los elogios.Es posible que los elogios indiscriminados provoquen problemas con un niño inseguro o que siempre haya sido el centro de atención.Pero se sabe por experiencia que son más los niños que no reciben bastantes elogios que los que reciben demasiados,y se sabe que los elogios pueden hacer milagros.Si se usan estas directrices al aplicarlos,se comprobará muy pronto que el elogio es una de disciplina notariamente eficaz..Cuanto más concreto sea el elogio,mejor comprendera el niño qué es lo que hace bien y será más probable que lo repita.Mi experiencia en aulas con niños de 2 a 3 años me han convencido que se debe elogiar cada pequeño paso dado hacia la conducta deseada,procurando atrapar al niño en un buen comportamiento. Felicidades por tu trabajo.Un saludo.

  5. Amparo, gracias por tu comentario. me siento enriquecido. Creo en el elogio, pero también creo que «muy bien» muchas veces deja de tener significado, se convierte en palabras vacías, casi en coletillas. Debemos elogiar, pero debemos escoger bien los términos. A mi me pasa en el aula. Si cuento las veces que digo «muy bien» a los pasos de los niños, si lo pienso, descubro que no pienso lo que estoy diciendo; si me paro, elogio ese avance siendo consciente, determinante, con palabras que dan significado a ese elogio.

  6. Pablo supongo que todo ello se debe ha que estamos predispuestos a ello,lo primero que nos impulsa es el decir «Muy bien» confiamos en ellos,y en nuestras metodologías de aprendizaje,lo que para mi entender debemos hacer es saber el momento en que se debe decir y ser muy creativos a la hora de decirlo,como bien han expuesto Sebastian,Marien y Ruth..Pero cuando trabajamos para establecer un nuevo comportamiento,es necesario elogiar constantemente al principio,y luego reducir los elogios solo de vez en cuando. Yo suelo aplicarlo de esa manera y siempre me ha dado muy buenos resultados.

  7. Un artículo interesante y que invita a la reflexión.

    Estoy de acuerdo con lo que decís y me gustaría añadir algo:

    totalmente de acuerdo en que hablamos demasiado la gran mayoría de las veces y cierto que el niño necesita ser elogiado y reforzado mientras va consolidando sus aprendizajes pero no menos necesario y valioso es una mirada llena de amor y aceptación o una sonrisa cálida.

    Tanto o más que cómo les hablamos habría que reflexionar sobre cómo les miramos y cómo es la ATENCIÓN que les prestamos.

    Y, cuanto más pequeñ@s son los niñ@s más importante es saber comunicarse con ellos a través de la mirada y el tacto.

    Gracias Pablo por compartir y a todos por la reflexión conjunta.
    Yolanda A.

  8. Pienso que los niños tienen que hacer las cosas por el placer de hacerlas, no por agradar a los adultos. Pienso que el placer de ser uno mismo está por encima de todo. Y pienso que los adultos no debemos juzgar ni con un «muy mal», ni con un «muy bien». Debemos valorar sus logros de forma objetiva, sin juzgar su acción.

    Me parece un artículo muy interesante para trabajar con educadores y familias.

    Gracias

  9. Pienso que el refuerzo positivo instaurado desde siempre pero no siempre bien aplicado, ha sufrido una vuelta de tuerca en este momento actual que vivimos. Creo que ningún «agente educador» está en contra de ese refuerzo positivo y por supuesto si estará en contra del refuerzo negativo. Por lo tanto, refuerzo positivo ¿si ?pero ¿en qué situaciones?, ¿con qué niño/-a ?y ¿de qué manera?. ¿Podéis concretar más estos aspectos? Imagino que en función de las edades hay que ir modificando el tipo de refuerzo o la ausencia o presencia de refuerzo ¿O estamos hablando sólo del «muy bien» inconsciente? Es cierto que en muchas ocasiones me he planteado si no estaba mi hijo demasiado pendiente de mi cara, de mi aprobación o desaprobación y si eso podía repercutir en su autonomía o seguridad. Creo que no son sólo las palabras sino que el lenguaje gestual también condiciona sus propias sensaciones y que probablemente controlar eso sea más complicado que callarse y no hacer ningún tipo de comentario. Muy interesante el tema. Enhorabuena.

  10. Me parece un poco confuso, nunca me habría parado a pensar en algo así si no es por vuestra página. Resulta que, los consejos geniales de super-nani de estimular las buenas acciones y pequeños logros ahora no son tan buena idea porque podemos caer en el error de la dependencia emocional y generar inseguridad al niño si se convierte en costumbre. Que buena reflexión, pero…
    Ains que complicado va a ser esto!!
    Gracias por vuestros consejos.

  11. «Muy bien» Pablo, muy interesante tu propuesta ;-)

    Realmente es un artículo que nos llama a re-pensar nuestras acciones y romper con ciertas estructuras que tenemos internalizadas.

    Es una tarea difícil pero no imposible

  12. Hola chicos,

    acordamos con este artículo! Es verdad todo el análisis y uno no se da cuenta, lo trae incorporado de la casa, de la escuela…
    Trataremos de ponerlo en práctica y difundirlo.

    Les comentaremos en la Blogoteca
    Un afectuoso saludo!

  13. Da para pensar y para cambiar. genial estos temas para tomar conciencia. Tenemos mucho que aprender, por eso tenemos niños!!!! «Los niños deben tener mucha paciencia con los adultos»… dice el Pequeño Príncipe en el libro homónimo de Saint-Exupéry.

  14. El silencio a veces me parece peor que una muestra de entusiasmo. «Educar educándose» me parece buen camino, pero es que según algunos pedagogos no hacemos más que equivocarnos los educadores, ¿no?

  15. Bueno, el articulo es muy interesante pero no lo comparto del todo. Me han gustado mucho los comentarios de amparo, porque yo tambien soy educadora, y es cierto que a los mas pequeños les debemos de elogiar cuando hacen bien las cosas para que la conducta se pueda repetir. Lo mismo que debemos enseñarles cuando están haciendo las cosas mal, y eso no tiene porqué disminuir su autoestima si se hace de forma correcta.

  16. Gracias Pablo, es una reflexión profunda que hará que muchas personas que nos dedicamos a educar(nos) cambiemos un poco las antiguas prácticas del muy mal, muy bien y nos paremos a hablar de que sienten, que piensan, que les gusta y disgusta a las criaturas con las que trabajamos(en mi caso 0-3 años)

  17. Gracias Pablo. Un articulo muy interesante que me lleva de nuevo a reflexionar ante mi manera de relacionarme con los niños y tambien con lo que me pasa a mi cuando mis compañeras no me dicen nada sobre algo que he hecho o puesto en mi clase . Creo que popdre encontrar maneras diferentes de poner mi atencion sobre el niño o lo que ha hecho pero el silencio…Estoy de acuerdo en vigilar ante los juicios o valoraciones que siempre son desde nuestro punto de vista de adulto y de adulto yo, o sea la Silvia.
    el mismo autor en el articulo propone un «como has hecho para hacer el pie con las proporciones correctas». Que és «correcto»? Dios! Demasiada conciència!!!
    Un abrazo a todos,
    Sílvia

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