Cuando los niños perciben que pueden mostrarse como son, que pueden sentir lo que sienten y cuando se dan cuenta de que nos importa su punto de vista, suelen crear la solución a su propio problema, o hacer las paces con la realidad. Por el contrario, cuando los sentimientos del niño se niegan, suelen verse incapaces de resolver sus propios problemas.

Las palabras que elegimos en nuestras interacciones con los niños tienen el poder de sanar o herir, de ignorar los sentimientos o de abrir el corazón. Pero, normalmente, nuestra forma de hablar con los niños niega cada uno de sus pronunciamientos. Muchas veces, ante una situación en la que el niño está estresado o sufre (una caída, por ejemplo) lo solucionamos con un simple no pasa nada, pero sí pasa algo.

Cuando entendemos y respetamos lo que le pasa en ese momento, validamos su estado. A partir de ahora, el niño se siente seguro sintiendo sus sentimientos y expresándolos plenamente. Cuando un niño llora, y validamos lo que expresa, probablemente llora con más fuerza porque la validación le da permiso para expresar sus sentimientos más profundos. Y así pueden avanzar sin restos de malos sentimientos.

naomi aldort

Naomi Aldort es asesora familiar, escritora y conferenciante. Es americana, está casada y es madre de tres hijos. Ha escrito numerosos libros acerca de educación infantil y tiene una web propia www.naomialdort.com, a través de la cual asesora a padres y madres de todo el mundo. Incluso podemos ver algunas de sus charlas en YouTube. Además de numerosos libros, la autora publica artículos en revistas de educación de varios países.

La fórmula: A.P.E.G.O.

Una herramienta o estrategia sencilla para pasar de la negación de los sentimientos del niño a la validación de los mismos es la Fórmula APEGO.

A. Aislarse del comportamiento y emociones del niño hablando en silencio con uno mismo.

Naomi nos compara con un ordenador del que automáticamente emerge una ventana de texto; si lo leemos en voz alta, tal cual, saldrán de nosotros ideas que vienen del pasado, de situaciones similares que hemos vivido como niños. Haykid screaming que pararse, escucharte interiormente pero no comunicar esos mensajes. Porque si exponemos todo lo que pasa por nuestra mente en ese mismo instante, podemos herir al niño. Lo que sentimos pertenece al pasado y no refleja la persona que somo en este momento.

Dicen que la mejor forma de sobrellevar un golpe con otro coche en la carretera, sea de quien sea la culpa, es desde la escucha del otro, desde la tranquilidad. Porque dejar estallar la tensión que acumulamos en estas situaciones frente al otro nunca es una buena solución.

Mirar, ver, observar, cerrar los ojos y tragar despacio, escuchándonos a nosotros desde el interior, que seamos capaces de retener la explosión dentro.

P. Prestar atención al niño.

Dirigir la atención y el monólogo interior al niño. Él es el protagonista, debemos escucharle.

E. Escuchar lo que el niño dice o lo que sus acciones nos dicen.

Hacerle ver que lo estamos escuchando y entendemos (aunque no necesariamente compartamos) sus sentimientos. Hacerle preguntas que le den la oportunidad de comunicar lo que le sucede o que le muestren que nosotros (el adulto) le comprende. Pero estas preguntas nunca deben negar o juzgar lo que le pasa. A veces solo necesitamos un cruce de miradas, de gestos o de muecas para comunicarnos con ellos.

G. Garantizar la validación de los sentimientos del niño

Mostrarle que respetamos lo que le está sucediendo. Observamos el contexto y le entendemos, sin dramatizar ni añadir nada.

O. Otorgar confianza al niño

Confiar en su capacidad de resolución, demostrarle que confiamos en él, en sus recursos, ser paciente, no intervenir en sus mensajes, no restarle importancia a lo que dice.

«Cuando los niños perciben que pueden mostrarse como son, que pueden sentir lo que sienten y cuando nos importa su punto de vista, suelen crear la solución a su propio problema o hacer las paces con la realidad»

Si hemos conseguido llegar a la validación desde la negación, dejaremos que los niños avancen por su camino, que se sientan capaces de escalar montañas o de superar obstáculos sin la necesidad de que el adulto les levante y coloque al otro lado. Ahora somos pequeños bastones que les ayudan a sentirse en la realidad.

Imagen : TimEldore | Texto NaomiAldort

Fuentes de consulta

  • Adort, Naomi (2009) Aprender a educar sin gritos, amenazas ni castigos. Barcelona. Ediciones Medici
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Profesional del aprendizaje en la infancia. Aprendiendo cómo aprenden los niños. Diplomado en Educación Infantil e Inglés; Grado en Magisterio Infantil y Primaria; Máster en Pedagogía Sistémica CUDEC. Trabaja como tutor en 2º Ciclo de Educación Infantil en el Colegio Cristo de la Guía (Madrid, España).

2 Comentarios

  1. He contestado a este artículo en el Face, pero luego he pensado que no estaría mal hacerlo aquí también. Disculpa que me repita.
    «Totalmente de acuerdo con el artículo y a su vez llena de dudas e inseguridades. Por los esquemas que tengo integrados, por mi formación de magisterio en la cual la modificación de conducta tenía un gran protagonismo, por los estereotipos integrados a lo largo de mi vida… pero constantemente cuestionándome a mi misma, intentando avanzar y desaprender. Quitándome el miedo al fantasma de «reforzar llamadas de atención innecesarias» que parece, se me incrustó en la piel como si de un hierro al rojo se tratase. Gracias Pablo por removerme.»

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