Actualmente nuestra vida cotidiana se basa en la velocidad. La velocidad con la que cogemos todo lo que necesitamos y la que utilizamos para eliminar todo lo que ya no nos sirve. Todo tiene que estar listo para acelerar los acontecimientos. Las verduras se venden peladas y cortadas, las casas están prefabricadas e incluso las imágenes ya están hechas, creadas por otros, de manera que nos ahorremos el tiempo y no inventemos imágenes nuevas y personales. Por ejemplo, las que enseñan en la televisión, que detienen el pensamiento, colonizan los sueños y los deseos. No tengo nada en contra de las imágenes, por supuesto sirven, y son de gran alcance porque activan todas las funciones psico-físicas humanas. Pero hay una enorme diferencia entre las imágenes que vemos con nuestros ojos y las que se forman en nuestros pensamientos mientras que alguien nos cuenta algo.

Bruner afirma que narrar renueva la vida social porque permite el continuo «mercado de los significados«. El desarrollo del pensamiento crítico nace en la conciencia y en la capacidad de descentralizarse para escuchar activamente. Hasta hace cuarenta años había la tradición de contar cuentos de hadas, anécdotas, poemas. Los niños no tenían prisa. Cuanto más largo era el cuento, más tiempo los niños podían quedarse con los adultos a escuchar. Había una investigación del significado. Hoy en día ya no se cuenta. A menudo se leen los cuentos a los niños o se les deja solos delante de un libro, o mas, a ver historias a través de narradores virtuales.

La narración como hospitalidad

La narración es una forma avanzada de hospitalidad y marca en lo profundo tanto a los que narran como a los que escuchan.

El narrador nos da la bienvenida para entrar en su mundo y se declara disponible para interactuar con el mundo de los oyentes: los invita y también se deja invitar.

La reunión entre narrador y oyente estimula a los dos. Es una página escrita que se vuelve algo vivo. Es el gusto de leer escuchado.

En realidad lo que pasa es un intercambio, por medio de esta actividad también el escritor se enriquece. Un autor no puede considerarse aislado, es parte de una comunidad, vive dentro de una sociedad y tiene que ser parte de esta interactuando con los demás.

La narración como una invitación a la decisión

Hay comunicaciones que no tienen sentido, que no te dejan nada. Por ejemplo las conversaciones hechas en las salas, las palabras vacías entre desconocidos pronunciadas en un compartimento de un tren. La narración es otra cosa, busca la interacción. Un fuerte vínculo que une los acontecimientos contados al pasar inexorable del tiempo, nos invita siempre a “estar listos”, sin perder la concentración. Eventos insignificantes se convierten en algo que merece nuestra participación. La historia contada se refiere al interlocutor con la misma intensidad con la que el narrador siente su participación. El oyente es empujado hacia esta aventura, porque se siente como si fuera parte del cuento. La fuerza de la participación no deriva de la agudeza de los conceptos. Son los hechos evocados por una ola emotiva que nos lleva a sentirlos nuestros, a pesar de que los protagonistas sean muy lejanos. El narrador ama la realidad contada y lo hace de manera que los demás la amen también; por eso, se vuelve una invitación a decidir individualmente: «¡Ten cuidado! Tu también tienes algo que ver con la historia.» que supera la tentación de la indiferencia. El narrador pide una decisión valiente y arriesgada: estar a favor de la lógica de la historia o no. No lo hace severamente, simplemente pide una decisión, mientras que cuenta su historia.

La narración como una sorpresa

A través de la narración tienes la certeza de que tendrás participación por parte de los demás porque tiene la capacidad de sorprender, de poner en discusión su proprio mundo, desconocido e indescifrable. Los que aceptan experimentar el vértigo de la sorpresa, tienen la capacidad de exponerse delante de lo que no conocen. La narración es capaz de crear maravillas porque se extiende hacia una aventura que todavía no se ha experimentado. Y eso con una secuencia que nunca es igual, es lo mismo que pasa cuando se intenta demonstrar un teorema de matemáticas. En la infinita sucesión de eventos reales, la historia sólo elige algunos y los organiza de una manera que sigue siendo “cuento”. Se enfrenta con una realidad considerada más amplia y más solemne de la que es contada.

Traducción: Francesca Ludovico

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13 Comentarios

  1. Gracias. Soy maestra de narración oral y creo que los narradores profesionales deberían tener una Licencia para narrar, tal cual los boxeadores. La palabra emitida en los cuentos narrados, es muy poderosa. Me quedo con la advertencia al escucha: «¡ten cuidado!, tú también tienes algo que ver con la historia», porque aunque no estén conscientes de ello, les afectará profundamente.
    Beafalero

  2. Excelente tema… Sin embargo, pocos quedamos a los que nos gusta la lectura y la narrativa… Por otra parte, cada vez son menos las personas que saben leer bien: entonando, respirando, modulando y vocalizando de forma correcta; desconocen los signos de puntuación, por lo tanto, no saben hacer las pausas debidamente y eso produce fastidio y falta de interés…

  3. Nos sumamos a las felicitaciones del resto de lectores.

    En efecto, vivimos en una sociedad que vive en una prisa continua, todo tiene que ser instantáneo y muchas buenas costumbres que requieren algo de tiempo y dedicación se están perdiendo. Este modo de vida acelerado nos inspiró para tratar de recuperar, de alguna manera, esa figura del narrador o el cuentacuentos para que los más pequeños no se vieran privados del placer de escuchar una bonita historia de la voz de profesionales que sepan transmitir la historia que se cuenta (tal y como como reivindica Sol María en su comentario).

    Los audiolibros son en este sentido, un complemento o una alternativa a esa preciosa costumbre perdida de narrar una historia.

  4. Qué bueno que se siga potencializando la palabra oral en tiempos vertiginosos, la palabra escuchada, bien, pausada y tranquila nos completa como personas y quizá logremos leer el mundo, como proponía Paulo Freire. Felicidades al artículo tan claro y motivador.
    Sala de lecturas Molinos de viento.

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