encuentro con la familia

Hoy hemos tenido en el instituto la reunión con los padres de los alumnos. Soy tutora de un grupo de 2º de Bachillerato y en mi instituto nos solemos reunir de manera formal con los padres dos veces al año.  He comprobado que las reuniones en las que nos dedicamos a dar la charla a los padres, igual que se la damos a los alumnos, no funcionan. Hay intercambio de información (sobre las normas del centro, sobres sus hijos, sobre expectativas) pero no se establece un verdadero vínculo entre los padres y el profesor. Lo más importante para un alumno son sus padres (hoy me ha dicho un alumno de Bachillerato que para él era más importante la opinión de sus padres que las de cien profesores y estaba en lo cierto), su familia. Con ella vienen a clase todos los días y están presentes en cada gesto, cada opinión, cada creencia que el alumno lleva a nuestras aulas. Y eso que es tan importante para nuestros alumnos, no lo solemos mirar acaso porque tampoco miramos lo importante que es para nosotros nuestra propia familia.

La experiencia del encuentro con los padres de mis alumnos que hoy quiero contar empieza con una propuesta: necesito que traigan a clase una fotografía de sus padres y una de ellos. La propuesta  genera muchas resistencias: que si para qué quieres una foto, que si mis padres no quieren que traiga una foto, que mis padres no se hacen fotos, que vaya tontería…y un montón de frases como esas. Y también sale a la luz mucha información: mis padres están divorciados, mi madre falleció… En ese momento se crea un espacio en el que el alumno pide al profesor directamente que valide su situación porque no es la del resto y eso les  preocupa  y, también, que reconozca los sentimientos que esa situación está generando en él.  Nosotros como docentes, al decirle al alumno que no pasa nada, que puede traer la foto aunque estén divorciados y que esa madre a través de la fotografía puede estar presente para la hija aunque falleciera hace años, estamos incluyendo todo y a todos dentro del aula, convirtiendo una espacio tradicionalmente académico, en un espacio para la vida donde todo tiene cabida.

Una vez pasada esta primera fase, explico qué vamos Mural de las familiasa hacer con las fotos y para qué hacemos la actividad. Cuando traigan sus fotos, las van a pegar en un mural y en un Pos-it escribirán una frase a sus padres, la que se les ocurra. Los padres, que en teoría no saben nada, se encontrarán con la frase el día de la reunión y, a su vez, les  escribirán otra para que sus hijos al día siguiente la lean.  El para qué no es necesario explicarlo; ellos lo sienten, sienten que sus padres son su punto de apoyo siempre y hacer esta actividad es una manera de mostrarlo.

Es emocionante verlos elaborar sus frases, pegar con mimo sus fotos y encontrar un lugar para sus familias y para sí mismos dentro del mural, un lugar que eligen ellos, al azar. Es también revelador cuando se acercan a ti y te dicen que no se les ocurre ninguna frase y tú les dices que dejen hablar al corazón. Y es también curioso cuando todas las frases que salen del bolígrafo de una alumna son de confrontación con el padre, porque quizá así sea para ella, y tú, profesora, adulta, conectas con tu propia confrontación con el padre y puedes mirarlo todo con amor y con cariño, porque así fue para ti alguna vez. En ese momento, abres otra posibilidad cuando le dices a esa alumna que puede mirar la confrontación o dar las gracias a sus padres. Y ves la cara de asombro de la muchacha y te pregunta “dar las gracias,¿ por qué? Y encuentra el motivo para dar las gracias, igual que tú encontraste, en su día, motivos para estar agradecida a tu padre.

Y después de tanto preparativo llega el día en que charlas con los padres. Y lo hacemos cada uno desde su lugar pero de tú a tú, como adultos movidos por los mismos intereses: sus hijos, sus estudios, la superación de la PAU. Y  antes de sentarnos en círculo, incluso antes de presentarme, los padres corren hacia el mural que han elaborado sus hijos, porque, aunque era una sorpresa, algunos ya lo sabían. Ansiosos, me piden un bolígrafo y un papel para escribirles una nota a sus hijos. Y yo tengo que calmarlos y pedirles que esperen un poquito.  En ese momento, ves sus caras y sabes que estarán siempre presentes en ti, en tu corazón y en el aula porque cada vez que mires a un alumno te acordarás de esa cara ese día. En ese clima pueden expresar lo que les preocupa, las dudas, las ansiedades ante el final de una etapa para sus hijos. Se establece un diálogo enriquecedor para todos en el que yo, como docente, participo con todo lo que sé de sus hijos.

Finalizamos, cómo no, con las frases. Los ves deseosos de escribirles a sus hijos, de contarles lo importantes que son y serán para ellos. Emociona, mucho. Supongo que mañana, cuando entremos a clase y mis alumnos vean las frases de sus padres, nos emocionaremos mucho todos. Ellos se encontraran con sus padres y yo, a través de ellos, con los míos.

Gracias al grupo de Pedagogía Sistémica de los jueves por sus ideas y por crear un espacio para compartir nuestra profesión y nuestra humanidad.

7 Comentarios

  1. Gracias Paz, una compañera me ha regalado este enlace y te he podido leer.
    Yo hice una experiencia parecida y fué muy emocionante. Ellos escribian en una targeta la importancia de tener a sus padres y lo dejaban en el lugar que ocupan en la clase y los padres el dia del encuentro se sentaron en el mismo lugar , leerian las postales y respoderian . Al dia siguiente los chicos se encontraban «el regalo» y lo compartian entre todos.

  2. Me ha encantado la propuesta, aunque doy de infantil, podría adaptarla para crear vínculos de esa manera. Como madre de dos adolescentes me hubiera encantado tener reuniones de este tipo. Gracias por compartirlo y gracias a la pedagogía sistemica por ofrecernos otras miradas.

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