espacio exterior de juego
espacio educativo

El niño, permeable a los estímulos exteriores, aprende de un modo inconsciente del entorno en el que desarrolla su actividad. El espacio exterior de juego (playground) es uno de los que más importancia tiene durante sus primeros años de vida.  Su origen se remonta a mediados del siglo XIX, cuando debido a los cambios sociales y a las teorías pedagógicas de Pestalozzi y Froebel se decidieron destinar parte de los espacios urbanos y escolares a la infancia. Desde su origen se encontró una relación directa entre la salud, el desarrollo cognitivo de los niños y sus espacios de ocio. Hoy sabemos que la mayoría de las formas de juego son fundamentales para un desarrollo saludable, pero se considera que el modo libre y espontáneo de diversión asociado a estos espacios es el más beneficioso de ellos. Actualmente, se han convertido además en la única posibilidad de jugar al aire libre de la mayor parte de los niños que viven en ciudades desarrolladas. Desaparecida la calle como lugar seguro y próximo, o bien el niño dispone de un playground o no tiene espacios alternativos en los que realizar su actividad exterior.

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La mayor parte de estas áreas están constituidas por equipamiento prefabricado que no desarrolla las numerosas opciones de juego al aire libre. Cuando todos los espacios infantiles acaban pareciéndose, el niño no identifica un entorno específico como propio y se hace difícil la apropiación emocional del mismo. Además hay que destacar las posibilidades curriculares que el exterior ofrece de cara a educadores y las experiencias únicas que proporciona en el desarrollo infantil.

Un espacio exterior de juego bien diseñado fomenta el contacto con seres vivos, como animales y plantas, potencia la percepción cambiante de las estaciones, favorece el desarrollo físico y cognitivo, promueve el juego imaginativo y estimula la empatía. Diversos estudios en Europa, Estados Unidos y Canadá reclaman su importancia ya que representan el único lugar donde los niños practican un ejercicio vigoroso, necesario para contrarrestar la obesidad infantil.

En su planificación deben considerarse cuatro aspectos básicos: su carácter pedagógico, el tipo de actividades que debe favorecer, los criterios óptimos de diseño y el equipamiento más adecuado del que deben disponer.

Figura 2

Carácter pedagógico de los espacios de juego

 

Sucesivas investigaciones confirman la importancia de que los espacios de juego (urbanos y escolares) se diseñen acorde a un programa pedagógico. En el caso de los colegios, además, estas áreas no deben considerarse independientes del aula sino que deben complementar las actividades que se desarrollan en ésta. Por ejemplo, los espacios verdes pueden proyectarse de modo que sirvan como estímulo sensorial de los niños de infantil (tacto, color, olfato), para analizar el crecimiento natural de las plantas en niños de primaria y como tema de taller de escritura para niños de secundaria.

Figura 3

Actividades que deben favorecer

 

Todo recinto destinado al ocio infantil debe ser siempre proyectado y equipado en función del juego y debe recoger las múltiples variantes que éste ofrece. Además de potenciar la psicomotricidad gruesa, deben  favorecer los juegos de representación o fantasía, los juegos constructivos, los juegos de equipo y el juego reposado (conversación, cartas, muñecos, etc.)

Se ha definido como positivos y enriquecedores aquellos playgrounds que presentan las siguientes características:

  1. Los niños  pueden manipularlo y modificarlo, haciéndolo suyo
  2. Contienen seres vivos
  3. Su aspecto se modifica con el clima y las estaciones
  4. Están diseñados en función del tamaño del niño
  5. Permiten el desarrollo de la imaginación
  6. Contiene áreas para que los niños jueguen solos y en grupo.

Criterios óptimos de diseño

Una de las principales novedades en el diseño del espacio infantil es la incorporación en el mismo de sus futuros usuarios, los niños. Éstos  aportan ideas sobre los espacios comunes del colegio o la ciudad y trabajan posteriormente con arquitectos y pedagogos en su diseño. Con ello se consiguen los siguientes objetivos: la personalización física y emocional del entorno escolar por parte del niño, la participación social infantil en un proyecto comunitario y el fomento de la colaboración y el trabajo en equipo.

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Equipamiento de juego

Se propone una revisión del equipamiento de juego tradicional en favor de aquellos elementos que estimulen la creatividad y la imaginación. Entre ellos destacamos:

  1. Materiales moldeables con diferentes texturas: arena, grava, tierra, agua.
  2. Utensilios y piezas de juego desmontables que permitan variar la configuración física del espacio
  3. Objetos reciclados que se puedan manipular
  4. Huertos de frutas y hortalizas
  5. Jardines diseñados para estimular el uso de los sentidos  y  percibir los cambios estacionales. Se emplearán  plantas cuya polinización favorezca el hábitat de pequeños insectos (abejas, mariposas, mariquitas, etc.)

Conclusiones

La calidad de un playground se basará en la calidad de los parámetros anteriormente expuestos. Atendiendo a principios pedagógicos, su finalidad debe ser promover el juego activo, espontáneo y creador y favorecer el bienestar y el aprendizaje del niño. Consideramos que las propuestas para estos espacios deben desarrollarse de forma interdisciplinar, implicando a arquitectos, paisajistas, pedagogos, profesores, padres y, sobre todo, contando con la participación imprescindible y orientada de su último usuario, el niño.

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