Malcriadores profesionales, por el Doctor Enrique Orschanski

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Publicado el 17 de septiembre de 2013

Bajo el título de Malcriadores Profesionales, el pediatra argentino Enrique Orschanski en el diario argentino “La Voz del Interior”, periódico en el que publica regularmente, escribe esta reflexión sobre el papel de los abuelos en la sociedad actual atendiendo a los cambios sufridos en los últimos 50 años, porque “Los abuelos no sólo cuidan; son el tronco de la familia extendida, aportan algo que los padres no siempre vislumbran: pertenencia e identidad”. Hay muchas definiciones de abuelo, a mi me ha gustado el Diccionario Urbano, que define al abuelo como el papá del papá, un segundo padre y un primer amigo.

Enrique Orschanski

doctor enrique orschanskiEnrique Orschanski nació en Córdoba, Argentina, en 1956. Es médico titulado por la Universidad Nacional de Córdoba. Doctor en Medicina y Cirugía, trabajó en diferentes servicios de Neonatología y actualmente ejerce la especialidad de Pediatría en práctica privada. Es docente de la Cátedra de Clínica Pediátrica de la Universidad Nacional de Córdoba desde al año 1981. Ha dictado cursos y conferencias en diferentes centros de salud y educacionales para la difusión de acciones preventivas de salud materno infantil. Es autor de trabajos científicos relacionados con su especialidad. También ha publicado libros: “Pensar en la infancia”

Malcriadores Profesionales

En los últimos 50 años, nuestro estilo de vida familiar cambió drásticamente como consecuencia de un nuevo sistema de producción. La inclusión de la mujer en el circuito laboral llevó a que ambos padres se ausenten del hogar por largos períodos, creando como consecuencia el llamado “síndrome de la casa vacía”.

El nuevo paradigma implicó que muchos niños quedaran a cargo de personas ajenas al hogar o en instituciones. Esta tercerización de la crianza se extendió y naturalizó en muchos hogares.

Algunos afortunados todavía pueden contar con sus abuelos para cubrir muchas tareas: la protección, los traslados, la alimentación, el descanso y hasta las consultas médicas. Estos privilegiados chicos tienen padres de padres, y lo celebran eligiendo todos los apelativos posibles: abu, abuela/o nona/o bobe, zeide, tata, yaya/o opi, oma, baba, abue, lala, babi, o por su nombre, cuando la coquetería lo exige.

Los abuelos no sólo cuidan, son el tronco de la familia extendida, la que aporta algo que los padres no siempreabuelo, tronco de la familia extendida vislumbran: pertenencia e identidad, factores indispensables en los nuevos brotes.

La mayoría de los abuelos siente adoración por sus nietos. Es fácil ver que las fotos de los hijos van siendo reemplazadas por las de estos. Con esta señal, los padres descubren dos verdades: que no están solos en la tarea, y que han entrado en su madurez.

El abuelazgo constituye una forma contundente de comprender el paso del tiempo, de aceptar la edad y la esperable vejez. Lejos de apenarse, sienten al mismo tiempo otra certeza que supera a las anteriores: los nietos significan que es posible la inmortalidad. Porque al ampliar la familia, ellos prolongan los rasgos, los gestos: extienden la vida. La batalla contra la finitud no está perdida, se ilusionan.

Los abuelos miran diferente. Como suelen no ver bien, usan los ojos para otras cosas. Para opinar, por ejemplo. O para recordar. Como siempre están pensando en algo, se les humedece la mirada; a veces tienen miedo de no poder decir todo lo que quieren.

La mayoría tiene las manos suaves y las mueven con cuidado. Aprendieron que un abrazo enseña más que toda una biblioteca. Los abuelos tienen el tiempo que se les perdió a los padres; de alguna manera pudieron recuperarlo. Leen libros sin apuro o cuentan historias de cuando ellos eran chicos. Con cada palabra, las raíces se hacen más profundas; la identidad, más probable.

Los abuelos construyen infancias, en silencio y cada día. Son incomparables cómplices de secretos. Malcrían profesionalmente porque no tienen que dar cuenta a nadie de sus actos. Consideran, con autoridad, que la memoria es la capacidad de olvidar algunas cosas. Por eso no recuerdan que las mismas gracias de sus nietos las hicieron sus hijos. Pero entonces, no las veían, de tan preocupados que estaban por educarlos. Algunos todavía saben jugar a cosas que no se enchufan.

Son personas expertas en disolver angustias cuando, por una discusión de los padres, el niño siente que el mundo se derrumba. La comida que ellos sirven es la más rica; incluso la comprada. Los abuelos huelen siempre a abuelo. No es por el perfume que usan, ellos son así. ¿O no recordamos su aroma para siempre?

Los chicos que tienen abuelos están mucho más cerca de la felicidad. Los que los tienen lejos, deberían procurarse uno (siempre hay buena gente disponible).

Finalmente, y para que sepan los descreídos:

los abuelos nunca mueren, sólo se hacen invisibles

abuelos invisibles

fuentes IMÁGENES  cabecera | abuelo | sombras TEXTO La Voz Interior

Pablo Ruiz Boj

Diplomado en Educación Infantil e Inglés; Grado en Magisterio Infantil y Primaria; Máster en Pedagogía Sistémica CUDEC. Trabaja como tutor de 4 años en el Colegio Cristo de la Guía (Madrid, España).
11 comentario/s en Malcriadores profesionales, por el Doctor Enrique Orschanski
  1. Me encanta Pablo! Gracias!

    • Responder

      A mi también me gustó encontrarlo. Son ese tipo de cosas que te llegan cuando te tienen que llegar, cuando eres capaz de entenderlas. Un placer compartirlo con Alaya

  2. Responder

    Verdad verdadera

  3. Responder

    simplemente genial

  4. Responder

    Gracias Pablo lo voy a compartir con todos los abuelos.
    Es realmente una etapa de ternura y felicidad.
    Y me a enternecida la frase “Los abuelos nunca mueren, sólo se hacen invisibles” es verdad , y siento a mis abuelos muy cercanos y muy presentes. Y ahora que soy abuela, aún más, y admirativa por los valientes que fueron.

  5. Responder

    Me encantó lo de Malcriadores Profesionales, tengo una nieta que es mi vidaaaa!!! La verdad que con ella me siento llena de vida y me encanta ver sus monerías. Gracias porque esto me permite aún más ser con ella como soy, aunque sus padres no opinen lo mismo.

  6. Responder

    Precioso! más ahora que voy a ser abuelo!

    • Ana Asenjo
    • 26 abril, 2014
    Responder

    Precioso artículo. Me ha encantado.

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    • enrique
    • 12 septiembre, 2014
    Responder

    gracias por los valiosos comentarios que han dejado. Con enorme afecto, Enrique Orschanski

    • Responder

      Me siento halagado al leer su comentario. Cuando leí por primera vez su reflexión sobre los abuelos, me reencontré con ellos. Gracias por ofrecernos estos mensajes que sanan nuestras relaciones.

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