recursos entorno

Hace ya unos años que comenzó a emerger la conciencia ecológica: las “3 erres” (reducir, reutilizar, reciclar) que algunos ampliaban a 4 (rehusar), los contenedores de colores, separar basuras… Una cultura que ahora forma parte de nuestro día a día. Yo crecí rodeado de esta conciencia, el movimiento estaba naciendo y separábamos en 4 grupos: papel, vidrio, punto limpio y restos. Era una cultura diferente: se usaba todo hasta que ya no había forma de arreglarlo. Ahora hemos pasado al otro extremo: separamos muchos residuos, pero generamos muchos más con la economía de consumo (si algo se ha roto, tíralo y compra otro). No consumir es quedarse entre dos mundos y, a veces, hay que pagar un precio.

Todo está en el entorno

De mis primeros años universitarios, recuerdo que en la Facultad de Educación, en distintas materias se nos aconsejaba aprovechar siempre los recursos del entorno. Ese medio en el que desarrollo mi profesión, ese centro educativo, ese barrio está lleno de recursos, sólo tengo que ampliar la mirada para encontrarlos. Yo clasifico los recursos en tres grupos:

  1. Recursos humanos: personal del centro educativo, los niños, las familias de los niños.
  2. Recursos de saberes: cuando invitamos a los abuelos al aula para que nos cuenten sus historias de la infancia, o cuando escuchamos las reflexiones de la vida de los niños… El conocimiento, los saberes son un recurso que tenemos en el aula más presente de lo que percibimos.
  3. Recursos materiales: todo lo que está en el aula y todo lo que llevamos para que ellos experimenten.
«El niño no juega, el niño vive» Emi Pickler

 

Conciencia

Para estar satisfecho de mi labor en el aula, sigo un principio: hacer todo lo que puedo con lo que tengo y en el lugar que me toca estar. Es aquí donde me nace la curiosidad por explorar nuevos materiales de aula. El primer obstáculo aparece cuando hablamos de presupuestos, porque si quiero algo nuevo ¿cuánto me va a costar? En algunos centros, el presupuesto económico parece infinito, pero mi experiencia no es esa. Yo prefiero dedicar la inversión económica a la literatura infantil. Así que, ¿qué materiales conozco que no requieran dinero? todo lo que tiro a la basura.

Ahora toca observar si de lo que tiro al contenedor (normalmente amarillo o de envases) puedo usar algo en el aula. De esta reflexión nacen esos nuevos materiales. Encuentro algo, lo pruebo yo, examino su peligrosidad, reúno suficientes unidades como para que jueguen cinco niños y al aula a observar lo que hacen.

 

Contenedores. Continentes

Uno de los problemas con los que me encuentro es la capacidad de almacenaje de los materiales. Después de varios años de experiencia, mi estrategia es adaptarme al espacio del que dispongo:

  • Espacio pequeño => materiales pequeños => contenedores pequeños
  • Espacio mediano => materiales medianos => contenedores medianos
  • Espacio grande => materiales grandes => contenedores grandes

Cuidado con la cantidad de materiales a guardar. Es decir, hay materiales que se almacenan y almacenan y no se les da salida. Yo intento huir de ellos (aunque cada día me resulta más difícil dejar escapar esas cosas que me costará volver a encontrar), a no ser que el centro educativo disponga de un espacio tipo almacén en el que poder dejarlo el tiempo que haga falta.

 

 

Materiales. Contenido

Parto de lo que conozco: “Yo, de lo que tiro a la basura, ¿qué podría usar en el aula?” Desde esta simple reflexión extraigo los primeros materiales: canutillos del papel higiénico, tapones de plástico, tapas metálicas, anillas de refrescos, latas sin filo… Objetos que en casa de mis padres formaban parte de la rutina de desechos que acababan en el cubo. Después de llevarlos al aula y observar cómo los niños experimentan con ellos viene el momento de comentar con los colegas, de donde salen nuevos materiales: corchos de bebidas, chapas de botellines, madera de podas… Porque cada uno es cada uno, nuestros desechos nos definen.

Tipos de materiales:

  1. Materiales pequeños: anillas de refresco, cordones, chapas de botellines, piedras pequeñas, corchos de botellas, cápsulas de café, tapones de plástico, castañas que no se comen, tapas metálicas
  2. Materiales medianos: canutillos de papel higiénico, piñas, latas sin filo, ramitas de madera, calcetines viejos, bolsas de plástico,
  3. Materiales grandes: cilindros de cartón (de bobinas de tela, porta pósters), pósters de publicidad, aparatos que ya no funcionan (para desmontarlos usando herramientas convencionales)

 

 

Dejar hacer

En un artículo publicado  hace tiempo en el blog EN CINCO LÍNEAS (ahora fusionado con Alaya) Sergio nos hace reflexionar sobre el dejar hacer

Para mí uno de los aprendizajes más difíciles para el maestro es el de «dejar hacer», ser capaz de valorar nuestras intervenciones antes de llevarlas a cabo. Quizás es el miedo a que la respuesta de los niños no sea la que esperamos, o pensar que por sí mismos no van a llegar a ella. Yo creo que no existe una única respuesta posible ni apropiada y en el trabajo con los niños su percepción de la realidad les permite encontrar otras soluciones sorprendentes. Pero está la diferencia de roles, el pensamiento extendido de que «hay que hacer» pero «observar también es hacer», lo difícil es permitirse a uno mismo no resolver las cosas o intervenir.

dejar hacer2

Cuando llevamos al aula materiales que los niños no conocen como tales, incluso cuando llevamos materiales conocidos por ellos hay que ser valiente y dejar hacer, siempre respetando unas normas de seguridad del material y los compañeros. Pero pararse a observar, a mirar, a apuntar, a grabar para después reflexionar desde lo que hacen con lo que les damos nos enriquece y nos ayuda a proponer nuevas relaciones de materiales. Porque ellos no ven las cosas como nosotros, porque ellos no hacen lo que nosotros queremos, sino lo que ellos necesitan hacer con lo que les proponemos. Hace poco leía un artículo de Fran Gómez San Miguel (@fran_sanmiguel) en su web «Educar con Éxito» donde

(…) para educar sin frustrarme ni “gastar” mi paciencia necesito aceptar el proceso de mis descendientes (los niños/alumnos): sus necesidades en cada momento, su forma de hacer las cosas y sus ritmos. Sin expectativas sobre lo que debieran hacer en cada momento no necesito “tener” ni “dejar de tener” paciencia.

Cuando dedicamos tiempo a programar y las cosas no salen como esperamos, ¿toleramos esa frustración?

dejar hacer

Conclusión

Me viene una pregunta para acabar esta exposición: ¿por qué uso más estos materiales frente a los que habitualmente nos encontramos en las aulas de educación infantil?

    • > Porque son materiales más versátiles.
    • > Porque el juego a desarrollar lo establece el niño. Yo solo pongo dos normas: respetar el trabajo del compañero y cuidar el material.
    • > Porque no tengo que modificarlo para utilizarlo. Conozco compañeras que crean materiales de trabajo más sofisticados reutilizando tapones de leche, por ejemplo, pero para mi gusto gastan mucho tiempo en fabricarlos.
    • > Porque genero una conciencia en los niños que les permitirá atreverse a jugar con cualquier cosa
    • > Porque es muy barato.
    • > Porque siempre me sorprenderán con su capacidad de imaginación.
Profesional del aprendizaje en la infancia. Aprendiendo cómo aprenden los niños. Diplomado en Educación Infantil e Inglés; Grado en Magisterio Infantil y Primaria; Máster en Pedagogía Sistémica CUDEC. Trabaja como tutor en 2º Ciclo de Educación Infantil en el Colegio Cristo de la Guía (Madrid, España).

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