(…) Las relaciones son un campo por descubrir. Los niños aprenden a confiar en las relaciones porque son estimados y por eso les atrae sumergirse en el complejo entramado relacional. El afecto no necesita referentes previos: el niño lo reconoce inmediatamente. Quien ha sido amado goza amando. Antes de saber hablar ya se declina el amor: amistad, aprecio, compasión, afecto, compañía, caricia, cooperación, intimidad…

Los niños necesitan el buen humor para transitar entre conflictos y contradicciones. Tienen que saber salir de los malos humores y sobre todo no pueden vivir sumergidos en nuestro mal humor. Los conflictos nos cansan porque cuando estamos enfadados somos menos inteligentes y además consumimos más energía, por eso todo se hace más pesado. El malhumor esconde el buen sentido de las cosas. Los niños para crecer precisan sentirse atraídos y si vivimos enfadados lo que tienen son ganas de salir huyendo.

La alegría es contagiosa y los orienta en el misterioso sentido de la vida: cuando nos ven alegres intuyen qué es lo fundamental en el vivir. Cuando todavía no saben que la luna existe, el entusiasmo contagioso ya les orienta.

No me puedo imaginar un cascarrabias educando y mucho menos si vive decepcionado y triste (…).

Vicenç Arnaiz EsDiari Menorca 26 septiembre 2014

Avatar
Profesional del aprendizaje en la infancia. Aprendiendo cómo aprenden los niños. Diplomado en Educación Infantil e Inglés; Grado en Magisterio Infantil y Primaria; Máster en Pedagogía Sistémica CUDEC. Trabaja como tutor en 2º Ciclo de Educación Infantil en el Colegio Cristo de la Guía (Madrid, España).

Dejar respuesta

Escribe tu comentario
Tu nombre