Estos días Twitter, los ilustradores, en especial los madrileños y toda la gente que conoce a David Peña, más conocido como «Puño», están revolucionados y no es para menos pues le detuvieron por estar dando clase a un grupo de alumnos, mayores de edad, en la calle y además como parte del curso estuviesen pintando el suelo con tiza. Este suceso ha puesto en movimiento el hastag #EntizarMadrid el cual apoyamos enormemente.(Noticia de prensa: http://www.diarioeducativo.com/2014/11/el-ilustrador-david-pena-llevado.html)

El suelo como espacio de juegoEs curioso que, no hace mucho, unas pocas generaciones atrás, el suelo seguía siendo un espacio de juego moldeable y totalmente aprovechado no sólo para juegos deportivos sino para poder delimitar juegos cooperativos, crear espacios o dibujar la mítica rayuela, la galleta, una oca con los vecinos… Pero creo que lo mejor de todo esto era que, ese mismo día podías borrar lo que había ocurrido ahí, quien había ganado y quien perdido. Al día siguiente volvías a bajar a la calle, con los mismos amigos, al mismo lugar geográfico exacto y podías elegir dibujar el mismo juego u otro totalmente distinto, porque el lienzo volvía a estar en blanco.

Pero no sólo eran los juegos, también era nuestra creatividad, el coger tizas de colores del colegio a escondidas para hacer un dibujo, impresionar a alguien, tantas cosas que nos evocaba el suelo.

En la sociedad actual el suelo es suciedad, los niños al nacer no pueden estar en el suelo porque siempre está sucio y lo pueden chupar y ponerse malos. Cuando crecen no pueden estar en el suelo porque está frío, pero sobre una manta tampoco, mejor en una trona, un parque o algo que tenga límites bien definidos. Cuando van creciendo, los niños no pueden coger cosas del suelo, por muy interesantes que les puedan resultar porque son «caca», «eso es caca, agh, no lo cojas» y a lo mejor sólo es un papel de colores o una hoja.
Pintando en el sueloEl caso es que, por ejemplo desde la Práctica Psicomotriz Aucouturier se hace especial hincapié en la relación que se establece entre el niño y el suelo, el suelo como referencia constante, realidad permanente y estable. Que cuando un niño se tumba en el suelo está buscando una seguridad total. Ese pensamiento de «El suelo como realidad permanente» me hizo pensar en las situaciones que se dan en un aula de 2º ciclo de infantil donde cada vez los niños tienen menos relación con ese espacio que sólo pisan.

A raíz de eso en un aula de 3 años coloqué cinta de pintor en diferentes espacios del suelo sin decir nada. Los niños al principio no le hicieron caso hasta que un día se encontraron con un trozo pintado y preguntaron si ahí se podía pintar. Desde ese momento se convirtió en su lienzo favorito, el poder estar tumbados en el suelo pintando unos juntos a otros. Pasaron a decidir cómo colocar la cinta, que disposición debía tener para luego pintarla. Pensaban el resultado, pedían la disposición, actuaban y comparaban con su idea.

Imagen 3 No todo es verticalEn otra ocasión, en un aula de 5 años, trabajando los juegos populares con los abuelos surgieron todos los enumerados anteriormente y también los juegos de mesa. Pero los niños no querían depender de un tablero que se les podía romper, así que construimos pistas de chapas en clase y también tableros de tres en raya.

Mi conclusión es que el suelo nos llama, no debemos perderlo nunca como referencia pues siempre está, más duro o más blando pero está. Aunque ahora resulte que pintar en el suelo esté prohibido sin haber una ordenanza que lo diga, aunque esté mal visto que un adulto pinte para jugar con su hijo, aunque bajar a la calle a dibujar una rayuela pueda no parecer tan divertido, sigue siéndolo, quizá más que nunca porque los niños no conocen ese juego, es una novedad a compartir con ellos y los adultos vamos a disfrutar recordando una parte de nuestra infancia.

Por ésto y por mucho más, vamos a #EntizarMadrid.

Sergio Pfoertzsch Biet
Diplomado en Educación Infantil y Psicomotricista en Práctica Psicomotriz Educativa Aucouturier. Trabaja como tutor en el segundo ciclo de Educación Infantil del Colegio Cristo de la Guia (Madrid, España).

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