A veces me paro en algunas de las situaciones más cotidianas del día a día con mi hijo o en el aula a observar cómo se mueven en el espacio, cómo se relacionan con los demás, cuánto tiempo invierten en hacer esta u otra acción. Hoy os invito a reflexionar sobre el tempo de la Infancia:

Son las 8:30 de la mañana y es la hora de la entrada de la escuela infantil de mi hijo, veo muy pocos niños que van andando y un sin fin de familias que van a toda velocidad (incluso para un adulto) a dejar a sus hijos. ¿Cuántos niños y niñas veis que van andando a su ritmo al aula?

Se les deja ir tranquilamente andando a su velocidad, observando lo que ocurre y disfrutando con lo que se cruzan ya sea un pájaro o una flor. Para ellos tiene todo el sentido en ese tiempo y en ese lugar y normalmente vamos ciegos a esta realidad yendo a nuestro ritmo y necesidades del adulto.

Hace poco vino una amiga – sin hijos – a recogernos a mi hijo y a mí. Montamos la silla en el coche y le dijimos que subiera… al poco mi hijo no se había ni siquiera subido al coche y mi amiga decía «Venga Venga». Éste, sin embargo, estaba observando la puerta, la alfombrilla, subiendo por sí mismo, después al asiento y de ahí a la silla. Toda una aventura que no les dejamos conquistar.

¿Cuántos adultos agobiamos a los niños para que vayan más rápido?

Yo soy el primero que me veo en esta tesitura pero lo reflexiono para incorporarlo. Lo llamo, «el Tempo de la Infancia». En la música el tempo es el movimiento o aire que hacen referencia a la velocidad con la que debe ejecutarse una pieza musical.

El Tempo de la Infancia es la velocidad con la que los niños y niñas se mueven en la vida. Nosotros, los adultos, vamos a muchas más revoluciones por minuto y por eso nos anticipamos o los presionamos.

Si queremos sorprendernos de la maravilla de la Infancia y ayudarles a crecer, no hay nada como aprender cuál es su tempo y dejarse llevar… el disfrute está asegurado.

8 Comentarios

  1. Muchas veces en La Casa de Niños los padres se sorprenden mucho cuando les contamos hasta donde hemos llegado llendo de paseo por el campo (los peques que caminan tienen entre 15 y 30 meses), y yo siempre les digo que el truco es ir a su ritmo, y hacerles capaces.

  2. Me recuerda siempre que voy caminando con prisas con mi hija. Por cada paso que doy, ella tiene que dar dos; si voy andando deprisa, ella va corriendo. En general, hacemos vivir a los niños a nuestro ritmo. Mejor nos iría a todos si nos adaptáramos nosotros al suyo. Viviríamos con menos estrés.

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