caminando hacia la libertadEl inicio del curso escolar es un momento al que le dedicamos especial atención todos los años. Como profesionales de la infancia somos conscientes de la delicadeza que debemos tener en esta transición de la casa a la escuela. Escuchamos a nuestros maestros y aprendimos algunas claves, conocemos la importancia de empezar con alegría, tenemos las ideas para empezar con buen pie y sabemos cómo se sienten los profesionales. Poco a poco estamos definiendo algunas bases para navegar en este proceso.

Muchos centros consideran el periodo de adaptación como el tiempo que transcurre entre la llegada de los niños al aula (primeros días) y el momento en el que se sienten seguros para avanzar en el aula (desaparecen las angustias). Para mí, este periodo de adaptación o de familiarización (como lo llama el Maestro Alfredo Hoyuelos) es un proceso que comienza cuando el centro “asigna” el aula al maestro y termina cuando el niño se siente libre. Es un proceso que lleva su tiempo, que lleva el tempo de la infancia.

Primera fase. La toma de conciencia.

El comienzo de todo. Has sido elegido para guiar a ese grupo. Recibes una lista en papel con los nombres, apellidos y días de nacimiento de los que te acompañarán en la nueva aventura que se presenta. A veces es una situación demasiado fría, que pierde la importancia o la responsabilidad que conlleva. Cuando se establece un grupo siempre se busca el equilibrio, pero ¿qué variables se tienen en cuenta?

“La enseñanza que deja huella no es la que se hace de cabeza a cabeza, sino de corazón a corazón” Hendricks

Segunda fase. La preparación del espacio.

Yo concibo el aula como un espacio en constante cambio, el entorno se modifica de acuerdo a las necesidades del grupo, de los individuos y del maestro. A veces está vacía y se va llenando de cosas, otras veces sucede lo contrario. Si el entorno está bien construído, atraerá a los protagonistas y les proporcionará momentos para el diálogo. También creo que es importante que las familias conozcan el espacio, y que colaboren para transformarlo. Cuando un niño reconoce algún elemento de la clase como un objeto que fue suyo y lo cedió para el aula, se siente orgulloso de superar la separación del mismo.

«El alimento de la escuela debería ser la experiencia de los niños» Francesco Tonucci

Tercera fase. La familiarización.

Entrar en contacto con las familias en las entrevistas bien a nivel individual o en grupo. En primer lugar, un agradecimiento porque gracias a que ellas han elegido este centro, yo puedo estar en ese aula. En estos diálogos, empiezo a conocer al niño (de dónde viene, cómo le ven sus progenitores…) y muestro los cimientos de mi práctica de aula y las primeras puertas por las que les voy a proponer caminar a los niños. También se empieza a tejer esa red que sostendrá las relaciones entre los niños en el aula.

«El respeto frente a las familias de origen no solo sostiene la autoridad de los padres, sino que también fortalece la autoridad del maestro» Marianne Franke

Cuarta fase. El primer encuentro.

El contacto visual entre las criaturas y el profesional. La experiencia me ha enseñado a no tener expectativas, es decir, a vivir en el presente tomando lo que llega. Lo mejor es estar equilibrado emocionalmente, pero uno funciona con lo que lleva, con todo. La capacidad que tengamos para acoger a los niños en ese primer encuentro, determinará el vínculo que establezcan.

«Un niño sano es epontáneo, ruidoso, emotivo, colorido… no esperes lo contrario»

Quinta fase. El engranaje

Cómo se van acoplando las formas de ser de cada uno, cómo entendernos todos y cada uno, los espacios de cada uno, cómo se da la ayuda, cómo se pide… Algo tan sencillo, lento y complejo como que cada niño conozca al adulto, cada niño conozca a cada niño y que el adulto conozca a cada niño. Cada uno es como es y, como dice Ares, tiene que aprender a tratar al otro de la forma que le guste al otro. En este sistema de relaciones, las emociones están en constante movimiento y cada elemento aprende a gestionarlas.

«Si los niños se sienten seguros, pueden tomar riesgos, hacer preguntas, cometer errores, aprender a confiar, compartir sus sentimientos y crecer» Alfie Kohn

Sexta fase. La Libertad

Yo defiendo que un niño es como es con sus padres. Hasta que un niño no es en el colegio como en casa, no se siente totalmente seguro. Para bien y para mejor, la autoridad que emana del maestro coarta a los niños hasta que se genera un campo de confianza que permite al niño mostrarse como es. Y es con esa esencia con la que más me gusta conectar. Es la fase más complicada, a la que algunos llegan en el primer mes y a otros les cuesta todo el año.

«Detrás de cada niño que cree en sí mismo, antes hubo un adulto que creyó en él» M. Jacobson

Conclusión.

Este periodo que llamamos de adaptación no es una carrera de velocidad, es como una maratón, en la que los ganadores son aquellos a los que se les respeta la velocidad que quieran. Yo les puedo proponer pequeños retos, pero son ellos los que deciden cuándo y cómo alcanzarlos.

«Observar más, hacer menos» Magda Gerver

 

foto portada https://www.flickr.com/photos/banjipark/

4 Comentarios

  1. Como madre resulta tan emotivo y respetuoso leer esto…Así ha vivido ella infantil,deseo que la nueva etapa que comienza tenga suerte como ha tenido con la mejor compañía y guía que ha escuchado y acompañado su libertad.
    Gracias por compartir y por esa vocación mágica!!

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