El período de adaptación está ampliamente documentado desde diversos puntos de vista, la perspectiva que más nos convence habla del proceso de familiarización a la escuela infantil (Febrer y Jansà, 2011), entendiendo el proceso como una conquista de los niños y no como una aceptación más o menos impuesta por parte de la escuela (Arnaiz, 2013).

La entrada a la escuela infantil es la primera conquista de un mundo ajeno a la familia, que requiere tiempo y sensibilidad a las emociones que producen el paso de la vida familiar a la vida escolar. Es la madre quien da seguridad en sus primeras experiencias, la que refuerza su comportamiento, la que da seguridad para el gran reto que supone la exploración del mundo.

Es por eso, que nos gusta mucho la idea de “oler a madre” en la escuela infantil (Gómez Mayorga, 2003), que niñas y niños sientan la presencia de sus familias en el aula.

Somos conscientes de que esta propuesta de permanencia en el aula genera muchas dudas a las familias. En primer lugar, por una cuestión de tiempo: la vida laboral es una prioridad para nuestra sociedad actual (no pensada precisamente para la infancia), y por otra, la sensación que tienen algunos familiares de que su presencia es un atraso para el niño, que lo único que consiguen es que no jueguen porque se “pegan” a sus piernas.

A la primera cuestión, siendo muy sensibles con las necesidades y obligaciones laborales, entendemos que el inicio en la escuela infantil 0-3 no es una sorpresa, es conocido en la cultura escolar que la incorporación es progresiva  por parte de pequeñas y pequeños. Siendo así, cuando se toma la decisión de escolarizar al niño, ésta viene asociada a la búsqueda de soluciones para los primeros días mientras los niños establecen los vínculos afectivos necesarios para quedar tranquilos y confiados con otros adultos de referencia.

En relación a la desconfianza de la permanencia en el aula acompañando al niño, debemos ser conscientes de la individualidad de cada proceso de adaptación, es lógico pensar que en aulas de 8, 13 y 20 alumnos las primeras reacciones, interacciones con iguales y experiencias tienen unos tiempos y ritmos diferentes, según las necesiddes de cada niña y niño que se “adapta”, que se familiariza.

Lo sabemos, no existe receta mágica más allá de respetar el ritmo de cada uno y confiar. Todas las niñas y niños en un ambiente seguro juegan. La presencia del adulto de referencia  brinda la seguridad que necesitan los niños, el profesorado y las familias que cuando ya no permanezcan en el aula sabrán cual es la realidad de la vida de la escuela, la vida de sus hijas e hijos.

A todas luces nos parece una gran oportunidad,

¡sepamos pues aprovecharla!

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