malas-palabras-2Nuestro vocabulario va cambiando, se van incorporando palabras nuevas y la RAE va reconociendo expresiones que, por lo menos en mi caso, me parece curioso que definan. El caso es que la infancia muestra un gran interés por esas expresiones innombrables, las palabras malditas, las malas palabras y lo trasladan hasta al “dedo palabrota”.

Tanto en casa como en el aula los niños están constantemente preguntando “¿esto se puede decir?”, “X ha dicho una palabrota”, “eso no se dice”. Todo eso me ha llevado a replantearme cómo enfocarlo en los dos ámbitos pues aunque intentamos no decir palabrotas, una gran mayoría de adultos tenemos alguna palabra tan interiorizada que la decimos sin querer (cuando nos damos un golpe, nos molestan, nos equivocamos) y está contextualizada.

“Una palabrota es distinta de un insulto, y un insulto no tiene por qué ser una palabrota”

En mi caso, he decidido optar por relajarme, intentar explicar en los diferentes casos si las palabras son adecuadas o no, ver por qué pueden serlo y sobre todo distinguir las “palabrotas” de los “insultos”. Poco a poco van distinguiendo qué cosas se pueden decir o no, cuales son adecuadas y cuales son innombrables.

Sergio Pfoertzsch Biet
Diplomado en Educación Infantil y Psicomotricista en Práctica Psicomotriz Educativa Aucouturier. Trabaja como tutor en el segundo ciclo de Educación Infantil del Colegio Cristo de la Guia (Madrid, España).

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