Habla. Escucha. Piensa.

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Publicado el 22 de marzo de 2017

El colegio es un espacio especial, con un carácter propio. Mi primera y más básica intención es que los niños se sientan con la libertad y la capacidad de hacer, decir aquello que se les ocurre o idean.

De un tiempo a esta parte comenzaron a definir los objetos por su utilidad, por aquello a lo que les permitía jugar o hacer. En ese proceso apareció el cuerpo humano al que también separaron en partes y definieron cada una. De todas las partes las definiciones que más me llamaron la atención fueron el cerebro, la boca y las orejas.

“El cerebro sirve para pensar”

“Las orejas nos permiten escuchar”

“La boca hace que hablemos”

¿Escuchamos al otro cuando nos habla? ¿Prestamos atención a lo que nos están contando?

Puede parecer obvio, el cerebro sirve para pensar, la boca para hablar y comer y las orejas para escuchar. Quizá por esa obviedad es lo que más me llamó la atención.

Muchas veces ellos hablan pero no escuchan. Piensan cambiando de idea a medio camino. Todo este proceso nos está ayudando a plantear el día a día, las relaciones entre ellos y con los adultos e incluso les ha llevado a definir la palabra tonto

“Tonto es el que tiene cerebro pero no lo usa”.

“Mateo me ha pegado”. Creo que es la frase que más puedo escuchar a lo largo del día, o quizá debería decir escuchaba. Las familias les decimos a nuestros hijos que si alguien les molesta se lo digan al adulto (tutora, monitor, educadora) para que pueda intervenir. Esa situación les había llevado a los niños a decir y contar cualquier cosa, a ser chivatos hasta del más mínimo detalle que se saliera de la posible norma, cómo nos contaba Pablo.

Durante un tiempo cuando venían a contarme las cosas mi respuesta era de acogida y replanteamiento. Acoger su malestar, su necesidad de contar “gracias por venir a contarme que ha sucedido esto”. Replantear la realidad, pues muchas veces eran golpes fortuitos y el supuesto agresor venía detrás pidiendo perdón y que no había pegado, que no le había visto “¿has hablado con Mateo? ¿Le has preguntado qué ha sucedido?”.

Escucha, acoge, habla, sitúa, piensa, relaciona.

Todo este proceso desemboca en muchas menos discusiones, en más conversaciones entre iguales, en una mayor objetividad sobre algunas cosas.

No todo es perfecto. Siguen viniendo a contar sus encontronazos y discusiones. Ahora se quejan de que no les piden perdón o de que no les perdonan, como si pedir perdón fuese el salvoconducto que todo lo cura. Cuando vienen a chivarse de un compañero o amigo vimos en clase que era para cosas importantes y surgió la pregunta “¿Por qué se chivan? ¿Quieren que regañe al otro?¿Son capaces de resolver el problema?”.

Estamos en el proceso. Viendo a ver qué cosas somos capaces de gestionar, buscando el por qué y cómo las planteamos.

Sergio Pfoertzsch Biet

Sergio Pfoertzsch Biet

Diplomado en Educación Infantil y Psicomotricista en Práctica Psicomotriz Educativa Aucouturier. Trabaja como tutor en el segundo ciclo de Educación Infantil del Colegio Cristo de la Guia (Madrid, España).
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