Ambientes reflexionados: la mecedora

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Publicado el 27 de septiembre de 2017

En la escuela dormir necesita de tiempos, seguridad y confianza por parte de las niñas y niños: el movimiento de vaivén, el ritmo acompasado y el contacto piel con piel con las educadoras les permite poco a poco ganar esa serenidad necesaria para descansar tranquilos. Sabemos que cubrir estas demandas en el bebé fortalece su autoestima, lo que garantiza la estabilidad necesaria para su actividad autónoma. Basta decir que en los primeros meses son necesarios los arrullos y regazos y avanzado el curso muchos eligen ir a dormir solos (abrimos la puerta de la zona de descanso y se acuestan en su cama que identifican por las mantas y objetos de apego).

La mecedora nos acompaña en estos momentos íntimos de descanso con los bebés y también en los primeros momentos de introducción a la alimentación, hasta que el bebé no se mantiene sentado con cierta estabilidad, se le da de comer en el regazo de la educadora.

Es un recurso a disposición de las familias, sobre todo de aquellas que mantienen la lactancia materna y, por supuesto, es una gran compañera de juego, de las risas e intercambios comunicativos que se establecen entre el grupo de pequeñas y pequeños cuando son ellos los que se suben y descubren el movimiento de balanceo que acompaña su propio ritmo.

Así que, apostar por ambientes donde la mecedora forme parte de ellos, reflejará sensibilidad y generosidad para compartir el momento de descanso en sintonía con las necesidades de las niñas y los niños.

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Cristina Llinares Francisco

Cristina Llinares Francisco

Trabaja en la Red de Escuelas A Galiña Azul de Galicia. Actualmente con funciones de dirección en la Escuela Infantil de Tui.
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