En el buscador de Google cuando escribes la palabra pedagogía aparecen muchos y variados términos: tradicional, innovadora, Waldorf, Montessori, blanca, invisible, terapéutica, sistémica, transformadora, crítica, constructivista, de la amistad, del oprimido, de la esperanza, de la autonomía, de la luz, hasta una pedagogía del moco! (que por cierto me emocionó leer)… la lista es mucho más extensa, pero con estos ejemplos queda claro que la palabra pedagogía está muy adjetivada.

La asociación que no encontré es la que ronda en mi cabeza algunos días de la vida en el aula, donde parece que nada funciona, o esa es la sensación, y la planificación de la jornada queda en pura improvisación.

Intentando dar cuerpo a esta idea, la sensación es extraña, lo habitual es contar las experiencias positivas, las que resultan, las que provocan entusiasmo entre el alumnado, profesorado y familias; ponemos en práctica muchas de esas propuestas que nos estimulan a salir de la zona de confort, y aun así, lo siento, no siempre funciona, y acabamos aplicando una pedagogía de supervivencia (ésta es la asociación).

Y os pongo un par de ejemplos, aunque estoy segura de que los que os habéis parado a leer este pequeño texto ya tenéis varias escenas de vuestra aula en la cabeza. En nuestra escuela muchas de las propuestas se hacen en pequeño grupo (somos pareja educativa), ese pequeño grupo lo proponemos según los intereses de los niños, es un buen principio,…no? Ah! Pero casi siempre cuando abres la puerta y dices: quién quiere ir a la biblioteca? A heurístico? A psico? El número de interesados es superior al número de niños que deseas llevar… y claro, entra en juego el manejo de la frustración que forma parte de la aventura de crecer pero que casi nunca forma parte de la planificación de la jornada y siempre nos pilla de sorpresa.

Otro ejemplo, uno de los pilares del proyecto educativo de nuestra escuela es el juego en el exterior, así que salimos prácticamente todos los días al patio (por desgracia son contados los días que llueve con fuerza). A priori es otro buen principio, con carácter general casi todos los niños disfrutan y activan múltiples posibilidades de recursos para el aprendizaje, pero la verdad es que hay niños que no disfrutan del patio, se les ve perdidos, buscan la cercanía del educador, no se sienten cómodos… y claro, ya tenemos un conflicto de intereses, porque el interés del niño también es un pilar del proyecto educativo, y con las ratios que tenemos por aula es sumamente complejo atender todas las necesidades a la vez.

No entro en más detalles, no es el objeto de esta reflexión, simplemente quería compartir esa sensación de supervivencia que siento algunos días, y por no caer en el pesimismo (no me caracteriza), otros muchos días son reconfortantes y “conducir a los niños” (pedagogía) es mucho más alentador.

1 Comentario

  1. Tiene la educación dos grandes pilares, el conocimiento y los valores. Sin más sustento, no queda más remedio que para la improvisación donde parece que nada funciona.
    La educación necesita un nuevo pilar, representado en la mejor referencia que tenemos los seres humanos y la que nos capacita para conseguir cualquier cosa en la vida, me refiero al cerebro humano.
    La educación necesita un movimiento, salir de las escuelas y unir a la sociedad en torno al cerebro humano.
    Revalorizar a la especie humana, hacerles sentir a los niños que tienen dentro de ellos un Patrimonio para que ganen en confianza y prepararles para una prevención sin precedentes.
    Me gustaría que vieras nuestro video titulado “Como mejorar el mundo desde el principio” en la página de inicio de nuestra web, http://www.mindpat.org
    Puede que un nuevo movimiento que de importancia a lo que somos ayude a no darle tantas vueltas a todo y a simplificar.
    Un saludo y enhorabuena por tu trabajo.
    José Mestanza

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