Confío en ti. Este es el mensaje que le damos a las niñas y los niños cuando nuestra actitud es de motivación y no de alabanza.

Porque alabar  (también conocido como refuerzo positivo) implica la búsqueda de una aprobación externa, normalmente adulta, que condiciona la acción infantil y no permite poner la mirada en el proceso de la acción, si no en el resultado de la misma.

Al mismo tiempo, al alabar emitimos juicios sobre sus acciones o incluso chantajeamos emocionalmente, haciéndoles responsables de nuestros estados emocionales, generando así una dependencia muy alejada de lo que podría considerarse como algo saludable para su correcto desarrollo afectivo-emocional.

Qué difícil es cambiar esta mirada a la que tanto acostumbramos en las aulas y fuera de ellas. Qué difícil dejar de lado los “muy bien”, “¡qué bonito!”, “genial”, “¡cómo me gusta!”, “me pongo triste si no haces esto”, “eres tan mayor que me pongo muy contenta”, “eres un campeón”, “qué buena eres”, “te felicito”, los aplausos ante el los resultados de las acciones y un largo etcétera.

¿Qué pasaría si empezáramos a valorar los procesos en vez de los resultados? ¿Si fuéramos capaces de motivar sin emitir juicios, sino centrándonos en la objetividad de la acción? Probemos cuando nos enseñen un dibujo a decir: “veo que lo has hecho con muchos colores”. Probemos a pedir las cosas “por favor” y con un “gracias” en vez de hacerles responsables de nuestros estados emocionales. Probemos a valorar cómo se sienten emocionalmente tras el proceso, a valorar su poder de decisión, a valorar el error como posibilidad de aprendizaje. Probemos a colaborar para que puedan crearse una imagen ajustada que favorezca su autoestima.

¿Y si los quisiéramos tal como son?

 

Fotografía: Philippe Put

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