“Lo que no es posible siquiera es pensar en transformar el mundo sin un sueño, sin utopía,

sin proyecto” (Paulo Freire)

En el año 2007 con la apertura de 23 escuelas infantiles nace la Red de Escuelas Infantiles de Galicia que se construye dentro de un Proyecto Educativo Marco que pauta las características pedagógicas de las escuelas gestionadas por el Consorcio Galego de Servizos de Igualdade e Benestar.

Partiendo de mi experiencia en escuelas privadas, la oportunidad de formar parte de un proyecto educativo con identidad propia supuso un gran reto profesional. La idea de infancia, la participación de toda la comunidad educativa, la formación permanente de los profesionales, el trabajo en equipo, la pareja educativa y el rol del educador son algunas de las señales de identidad de una red interconectada que mostró un interés claro por dignificar la educación infantil del primer ciclo. Un añorado punto de partida para proyectar escuelas infantiles de calidad.

Las utopías no están exentas de dificultades. Una Red que nace a gran velocidad y que alcanza las dimensiones de la nuestra (145 escuela infantiles en septiembre) está llena de cuestiones sin resolver y otras muchas sin abordar.

La existencia de una estructura que ofrece apoyo técnico y asesoramiento pedagógico, respaldada desde los inicios por la universidad, que ayuda a tejer una red que aprende horizontalmente: escuelas que se alimentan unas a otras, dando y recibiendo, compartiendo y cuestionando, llevando a la práctica el conjunto de saberes y experiencias es, precisamente, lo que nos hace fuertes.

Son muchas las decisiones que dentro del debate, la reflexión y el consenso vamos tomando a medida que vamos creciendo como equipo, como escuela: favorecer el movimiento libre, que las niñas y niños anden descalzos, cambiar cunas por camas, tener las puertas abiertas y permitir la circulación libre entre las aulas, tomar conciencia de la importancia de las rutinas de la vida cotidiana, mimar la calidad del juego espontáneo tanto en el aula como en el jardín, repensar la calidad de la propuesta de materiales, valorar la participación de las familias como una suma que multiplica el valor de cada experiencia y un largo etcétera, son solo un ejemplo de acuerdos que nos permiten definir nuestras propias señas de identidad.

Este es el gran valor del proyecto, potenciar la diversidad que cada entorno confiere a cada centro: escuelas de ciudad y del rural, grandes y pequeñas, de mar y de interior, etc., cada una de ellas enriquecida por las características de su territorio.

Y la Red va siendo posible, entre errores y aciertos, porque muchos queremos transformar la educación 0-3, y soñar es nuestra mayor garantía de éxito.

Dijo Platón que “el comienzo es la parte más importante del trabajo” y tanto!, una década de esfuerzos de muchos han hecho realidad un entramado de escuelas, que poco a poco tejen hilos fuertes, resistentes y duraderos. ¡El camino no ha hecho más que empezar!

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