Yo suelo decir, a lo bruto, que los niños son imitación, ensayo-error y entrenamiento. Algunos profesionales están generando niños dependientes de los halagos, de las valoraciones de sus producciones, de sus logros. A principios de año más o menos, Ana reflexionaba sobre cómo afectan las alabanzas al desarrollo emocional infantil. Hace más tiempo compartimos por aquí un texto de Alfie Kohn donde nos regalaba cinco razones para dejar de decir muy bien.

¿Se puede enseñar a valorar?

frase el genio eres túNosotros estamos muy condicionados por los juicios, por lo que está bien y lo que está mal. Y transmitimos a los niños nuestras angustias en este tema. ¿Por qué algo está bien? Todos estos “cuantificadores” establecen relaciones de igualdad o de oposición.Esto está mal porque no se parece a eso que está bien. Pero aún estando mal, tiene un valor. A mí me recuerda a las competiciones deportivas, donde suele haber pocos ganadores y muchos perdedores, pero todos son capaces de dar valor a lo que han hecho.

El primero que tiene que dar valor a lo que hace es uno mismo. Cuando estamos satisfechos con lo que hemos hecho podemos escuchar lo que opinan los demás. Y después tomar una decisión en función de la información que hemos recibido. En las aulas, demasiadas veces, juzgamos a los niños sin esperar a escucharles, pasamos por encima de su criterio para imponer el nuestro. Categorizamos sus producciones, ¿con respecto a qué criterios?

Muchas veces, cuando los niños están creando, me suelen preguntar si está bien lo que han hecho. Yo, antes de juzgarles, les pregunto si les gusta a ellos lo que han hecho e intento que me describan el proceso que han seguido para llegar a esa producción. Y después les planteo un nuevo reto relacionado con la propuesta. Tan sencillo y tan difícil como mirar desde su altura, como sentarse a su lado.

Una vez escuché a un locutor en la radio comentar que las expectativas generaban mucha insatisfacción. Yo no soy partidario de las caritas divertidas, ni las tristes en los papeles de los niños. Porque yo no estoy más contento o más triste en función de lo que ponen en un papel o de lo que se parece lo que pone a lo que yo esperaba. Y siento que es importante ser sincero con las criaturas.

¡Aprendamos juntos! ¿Cómo actuáis en situaciones como ésta?

 

 

 

Profesional del aprendizaje en la infancia. Aprendiendo cómo aprenden los niños. Diplomado en Educación Infantil e Inglés; Grado en Magisterio Infantil y Primaria; Máster en Pedagogía Sistémica CUDEC. Trabaja como tutor en 2º Ciclo de Educación Infantil en el Colegio Cristo de la Guía (Madrid, España).

3 Comentarios

  1. Me has robado las palabras de la boca. Tal cual yo las digo a padres-madres, profesorado, alumnado de Prácticas de Magisterio….
    Yo tampoco pongo caritas ni tristes ni contentas. Ni digo “muy bien, muy bien…”de forma indiscriminada y compulsiva. Tampoco hago juicios de valores ante las producciones infantiles sino que les pregunto si están satisfechxs con lo que han hecho, si les ha hecho felices esa actividad, si han compartido, si se han esforzado y superado para mejorar…
    Que los refuerzos partan de su interior y no que estén buscando siempre la aprobación del adulto.
    No educo a base de premios y, mucho menos aún, a base de castigos sino que educo con el corazón.
    Una mirada con amor, una sonrisa es el mayor tributo que le podemos dar a una de nuestras criaturas ante una determinada acción.

    En fin, más o menos lo mismo que tú.

  2. Hola, buena gente de la Educación Infantil.

    Justo he comentado en otra entrada que hablaba sobre las caritas contentas-caritas tristes este tema.

    Educar con el corazón, educar para que el infante no busque la constante aprobación del adulto, educar sin el constante soniquete del “muy bien, muy bien” que no aporta nada talr a las criaturas… Educar en el refuerzo interno de cada pequeño ser, en la satisfacción personal y la no dependencia emocional del otro. Eso les hará grandes, responsables y, sobretodo, LIBRES y FELICES.

    muaaaaac!

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