En estos primeros días de vida escolar el tema que nos ocupa es lo que comúnmente conocemos como periodo de adaptación, ese camino hacia la libertad que los niños y niñas experimentan al llegar a la escuela.

La educación es un proceso vivo, en continuo cambio y reajuste, donde los procesos de reflexión no sólo afectan a lo aparentemente más tangible, sino también a las palabras que utilizamos para definir las cosas.

Por esta razón, prefiero referirme al término tiempo de acogida o proceso de familiarización en vez de periodo de adaptación. Porque al hablar de adaptación hablamos de que los niños y las niñas son quienes tienen que adaptarse a las propuestas de la escuela, recayendo únicamente en ellos y ellas esta responsabilidad; mientras que acogida o familiarización es un término mucho más abierto, donde no sólo la infancia está implicada, si no las familias, el profesorado, los espacios, tiempos y todos los agentes que estén implicados en el proceso.

Igualmente sucede con la palabra periodo, que define un tiempo estanco casi previsto en el calendario, de obligado cumplimiento; mientras que tiempo o proceso llevan implícita una flexibilidad mayor que permite ajustarse a los ritmos de cada niño y niña.

Tenemos que tener presente la importancia de los procesos, de cómo llegan a esa seguridad emocional que les permite mostrarse tal como son, en plena libertad, haciendo de la escuela parte de su vida.

Para poder tomar conciencia de estos procesos propongo algunas pautas de observación para hacernos a modo de preguntas que nos facilitarán y nos hablarán del punto en el que se encuentra cada niño y cada niña y de si hay dificultades importantes, pudiendo así trabajarlas junto con sus familias.

Pautas de observación

Su cuerpo

  • ¿Muestra tensión muscular o su cuerpo está relajado?
  • ¿Cómo es su respiración? ¿Agitada, superficial, profunda?
  • ¿Tiene una mirada atenta o esquiva?
  • ¿Llora?¿Qué tipo de llanto tiene?
  • ¿Muestra inhibición?
  • ¿Observa o actúa? ¿Cómo observa? ¿Cómo actúa?
  • ¿Cómo es su tono de voz en caso de hablar?
  • ¿Tiene interés por respetar las normas? ¿Tiene dificultades con los límites? ¿Cómo actúa ante ellos?

Espacios y tiempos

  • ¿Cuánto tiempo necesita para investir los espacios nuevos?
  • ¿Cómo los inviste? ¿Por dónde pasa y cómo pasa?
  • ¿Cuánto tiempo permanece en los diferentes espacios?
  • ¿Cuál es la velocidad de movimiento al cambiar de un lado a otro?
  • ¿Observa lo que sucede con anterioridad en los diferentes espacios?

Materiales

  • ¿Interactúa con el material u observa como lo hacen sus iguales?
  • ¿Necesita pautas de uso y acompañamiento adulto o es autónomo en las decisiones?
  • ¿Investiga y experimenta o se muestra cauto y con miedo ante las propuestas?
  • ¿Necesita aprobación adulta para lanzanse a hacer?
  • ¿Se atreve a experimentar con propuestas poco habituales o muestra más seguridad con materiales más conocidos?

Sus iguales

  • ¿Juega con alguien, busca a sus iguales para la interacción?
  • ¿Propone juegos o se deja proponer?
  • ¿Muestra cercanía o distancia con sus iguales?
  • ¿Tiene interacciones variadas? ¿Elige siempre a las mismas personas?
  • ¿Se relaciona de manera agresiva? ¿Suele tener conflictos?
  • Si prefiere observar, ¿cómo es su actitud en la observación?

Los referentes en el aula

  • ¿Busca a alguien en concreto?
  • ¿Tiene relaciones de dependencia o muestra autonomía o curiosidad?
  • ¿Aparenta tener miedos?
  • ¿Prefiere guardar distancia física con los referentes?
  • ¿Muestra contacto visual con las personas que lo acompañan?
  • ¿Te busca o te evita?
  • ¿Choca con los límites que marcas?  ¿Cómo se opone a ellos?
  • ¿Cómo tiene orientado el cuerpo cuando quieres interactuar?

Sigo inmersa en la complicada tarea de aprender a observar lo profundo, porque para mí la observación y la escucha activa de lo que acontece en el aula, y sobre todo cómo acontece, es el elemento de evaluación más ajustado para la infancia.

1 Comentario

  1. bastante adecuadas los ítems para observar durante el proceso de acogida, pero casi todos los veo más dirigidos a partir de los 2 ó 3 años. Por debajo de estas edades hay que buscar algunos más acordes con su momento evolutivo. A continuación menciono unos ejemplos entre otros que puedan surgiros y que pueden ajustarse a las necesidades/ a la situación/a la iniciativa de cada docente:
    – ¿Quién viene a traerlo? ¿se queda un rato en el aula o se va enseguida? ¿Cómo actúa el adulto familiar al entrar y al despedirse? ¿Cómo reacciona el niño cuando se va su figura de familiar?
    – Durante la mañana se le ve ansioso, triste, conformado, alegre,…?
    – ¿Trae objetos de casa que? ¿Se aferra a ellos?
    – ¿Tiene algún recurso para consolarse (chuparse el dedo, usar chupete, busca al adulto, balancea su cuerpo,…?
    – ¿Acepta que le limpie o cambie de pañal?
    – ¿Acepta que le abracen?
    – ¿Presenta somnolencia a lo largo de la mañana?
    – Durante el tiempo de reposo, ¿está relajado, intranquilo, llora, etc.?
    – ¿Qué actitud muestra en los momentos de la comida?
    – ¿Pide ayuda en exceso para hacer cosas que puede realizar solo-a?
    – ¿Procura captar la atención de la educadora con frecuencia, la evita, se muestra independiente, comunicativo,…?
    – ¿Molesta a otros niños?
    – Pasados unos días ¿su actitud corporal muestra tensión, relajación, inseguridad, iniciativa, juega con su cuerpo,….?
    – ¿Su juego es manipulativo, chupa los objetos, exploratorio, imita, se concentra un corto tiempo, disruptivo, …?
    – Movimiento corporal para explorar su entorno: tumbado, se gira, se arrastra, gatea (tipo de gateo), se pone de pie con apoyo, recorrido lateral alrededor de un mueble, inhibición motora por miedo al desequilibrio, deambulación vacilante e inestable, desplazamiento seguro y ágil,…
    – Cuándo vienen a buscarle para irse ¿Cuál es su reacción más frecuente (va hacia su familiar, se le alegra la cara, se enfada con el familiar de alguna manera, le enseña cosas de la clase, es indiferente, le rehúye, se escapa corriendo fuera del aula,….?

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