Nos gusta observar cómo funciona el mundo alrededor de la infancia. Hemos visto cómo se llenan los parques de adultos vigilando a sus hijos, cómo caminan de la mano las familias por las calles, nos han ayudado a bajar nuestro horizonte a la altura de los niños, sabemos que preferimos motivar a los pequeños en vez de elogiar y nos gusta confiar en la capacidad crítica de los niños.

Demasiadas veces escucho a los adultos envolver una verdad con un papel de regalo de mentiras para “no dañar al niño”. Hablamos a los niños como si no fueran personas capaces de entender la vida. Enmascaramos las verdades dolorosas para los adultos intentando que los niños no sufran como nosotros.

Los niños son personas, como dice Chris Haughton Son tan inteligentes como un adulto, pero simplemente carecen de experiencia. Son muy entusiastas porque aportan ingenuidad a todo. Y desde esa ingenuidad simplifican las informaciones que reciben, sin teñirlas de las experiencias normalmente negativas que suele traducir el adulto.

En una entrevista a Maurice Sendak en la Revista Imaginaria reflexioando sobre la honestidad en sus textos, decía que se debe decir la verdad al niño acerca del tema tanto como sea posible, sin mitigar esta verdad. Hay que reconocer que los niños son personas pequeñas y valientes que se enfrentan cada día a una multitud de problemas, tal como los adultos; que no están preparados para muchas cosas y que la mayoría anhela encontrar un poco de verdad en alguna parte.

Hace poco encontré un artículo publicado en el magazine “The Atalntic” sobre el cuidado que fred-with-model-neighborhoodsmtenía Fred Rogers (Mister Rogers’ Neighborhood) a la hora de escribir los guiones, cómo revisaba los textos sin enmascarar realidades, pero adaptándolo a la capacidad de los niños. La leyenda de la televisión poseía una comprensión extraordinaria de cómo los niños dan sentido al lenguaje. En su programa de televisión, los guionistas traducían los textos a lo que llamaban “Freddish“.

Diez años más tarde, los guionistas crearon un manual ilustrado llamado “Hablemos de Freddish” que recogía 9 pasos para traducir a Freddish:

  1.  “Indique la idea que desea expresar con la mayor claridad posible, y en términos que los preescolares puedan entender”. Ejemplo: Es peligroso jugar en la calle.
  2. “Replantearlo siempre de manera positiva”, como en Es bueno jugar donde sea seguro.
  3. “Replantee la idea, teniendo en cuenta que los niños en edad preescolar todavía no pueden hacer distinciones sutiles y necesitan ser redirigidos a las autoridades en las que confían”. Al igual que en “Pregunte a sus padres dónde es seguro jugar”.
  4. “Replantea tu idea de eliminar todos los elementos que podrían considerarse prescriptivos, directivos o instructivos”. En el ejemplo, eso significaría deshacerte de “preguntar”: tus padres te dirán dónde es seguro jugar.
  5. “Replantea cualquier elemento que sugiera certeza”. Eso sería “voluntad”: tus padres pueden decirte dónde es seguro jugar.
  6. “Replantee su idea de eliminar cualquier elemento que no se aplique a todos los niños”. No todos los niños conocen a sus padres, por lo tanto: Sus adultos favoritos pueden decirle dónde es seguro jugar.
  7. “Agregue una idea motivadora simple que le dé a los preescolares una razón para seguir sus consejos”. Quizás: Sus adultos favoritos pueden decirle dónde es seguro jugar. Es bueno escucharlos.
  8. “Replantea tu nueva declaración, repite el primer paso”. “Bien” representa un juicio de valor, por lo que: tus adultos favoritos pueden decirte dónde es seguro jugar. Es importante tratar de escucharlos.
  9. “Reproduzca su idea por última vez, relacionándola con alguna fase de desarrollo que un niño en edad preescolar pueda entender”. Tal vez: sus adultos favoritos pueden decirle dónde es seguro jugar. Es importante tratar de escucharlos, y escuchar es una parte importante del crecimiento.

Este decálogo es anecdótico, pero nos ayuda a reflexionar sobre lo que una persona trató de cuidar y de dar importancia a la forma de comunicarse con los niños. Y si nosotros tuviéramos esa dedicación, nos tomáramos nuestro timepo para contar las historias les regalaríamos a los niños una herramienta de construcción de saber muy sólida.

No se trata de decir a los niños palabras del lenguaje adulto, sino de contar las cosas cercanas a su capacidad sin convertirlas en cuentos con moraleja. Debemos ser honestos.

Fuentes imagenCabecera | TheMagazine | MrRogersNeiborhood |

Profesional del aprendizaje en la infancia. Aprendiendo cómo aprenden los niños. Diplomado en Educación Infantil e Inglés; Grado en Magisterio Infantil y Primaria; Máster en Pedagogía Sistémica CUDEC. Trabaja como tutor en 2º Ciclo de Educación Infantil en el Colegio Cristo de la Guía (Madrid, España).

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