En Galicia hace años que se viene promoviendo la recuperación del Samaín (Samhain significa «fin del verano», pues los antiguos celtas lo celebraban en ese momento de transición del estío al invierno) como tradición popular. A modo de síntesis podemos decir que en el ámbito escolar esa recuperación consiste en la exposición de calabazas talladas en la entrada de los centros; para completar, las asociaciones de madres y padres organizan fiestas que se convierten en otra vía de entrada para el Halloween (la publicidad es la puerta más ancha), que se mezcla inexorablemente con la tradición celta.

En esta aldea global en la que vivimos es muy ingenuo pensar que las tradiciones pueden permanecer inalterables, casi todos los servicios de atención a la infancia, tanto en el ámbito formal como en el informal, se suman a la celebración de las conmemoraciones… ¡a su manera!. Y en el primer ciclo somos demasiado permeables a todo lo que nos rodea así que pasado el período de familiarización, bien entrado el otoño, en época de castañas (base de la alimentación antes del maíz y la patata) y magostos por estas tierras del norte e invadidos cada vez más pronto por el “espíritu navideño” (desde el 1 de octubre los operarios del ayuntamiento trabajan a destajo para que sea nuestra ciudad la más iluminada del planeta en Navidad), las actividades con calabazas toman el mando de las programaciones.

Algunas de las propuestas, propias y ajenas porque nos gusta beber de todas las fuentes, que se presentan a las niñas y a los niños en esta época del año son las siguientes:

Recoger calabazas de la huerta

Es una labor cíclica que consiste en recoger las calabazas que plantamos en la huerta antes del verano, la variedad más frecuente es la curcubita máxima, en todas las formas y tamaños imaginables: grandes, pequeñas, redondeadas, alargadas, achatadas, con pintas, lisas, rugosas,…

Manipular las calabazas

Intentar cogerlas, trasladarlas, abrirlas y vaciarlas, esta acción con ayuda,  y guardando las pepitas para volver a plantarlas en la huerta.

Invitar a las familias a decorar una calabaza

Tradicionalmente tallarla, aunque en el mundo de Pinterest se suelen decantar por el lado decorativo más que por el artesanal, opción que les parece más duradera en el tiempo porque la calabaza tallada se pudre en un par de días… En este caso la idea principal es compartir una vivencia familiar con la escuela,  hecho que da significado a la actividad aunque las pequeñas y pequeños necesiten ayuda para prepararla porque están presentes en su elaboración, compartiendo con sus hermanos mayores y con sus padres ese tiempo en torno a una propuesta que solicita la escuela y que durante unos días formará parte de su ambientación. Podrán compartir con sus compañeros y educadoras: ¡Ésta es mi calabaza!

Talleres de cocina

Elaborar un bizcocho con calabaza es también una tradición por esta época del año en el grupo de los mayores. La elaboración de recetas supone la activación de procesos de planificación, toma de decisiones, anticipación, memorización, atención,…

Cuentos

Es imposible no acompañar los tiempos de la escuela con lo que sucede a nuestro alrededor (época de calabazas, castañas, hojas secas, navidad, carnaval,…) y en los cuentos encontramos siempre historias que seducen a pequeñas y pequeños: Corre, corre cabaciña, Gato Guille e os monstros son dos de nuestros preferidos para esta época del año, tenéis su versión correspondiente en castellano.

Lo cierto es que la calabaza es un elemento fantástico para proponer experiencias y que no abandonamos en todo el curso porque la crema de calabaza es una de las preferidas de nuestro alumnado.

Así que mientras intentamos recuperar tradiciones nos quedamos con esta frase de Koïchiro Matsuura  encontrada en Innovarte Infantil, web que nos inspira por su criterio propio y que tanto nos ayuda a recuperar el criterio común, ¡a veces tan disperso!:

“El patrimonio inmaterial no es solamente sede de la memoria de la cultura del ayer, sino también el laboratorio donde se inventa el mañana”.

Inventemos el mañana sin olvidarnos del pasado y con sentido común; incluir nuestra cultura en  las programaciones no debiera consistir en disfrazar, en este caso, a las niñas y los niños de brujas y fantasmas (¿los niños de fantasmas, Drácula o Frankenstein y las niñas de brujas y hadas?) ni en ponerlos a pintar caretas o convertir el aula en un escenario dantesco,… garantizar sus rutinas básicas (llenas de rituales) está por encima de cualquier evento, no vaya a ser que este intento de recuperación de la tradición se convierta en una sinrazón!

 

 

1 Comentario

  1. Estimada Cristina, mil gracias por tener la valentía de alzar la voz contra el sinsentido que está invadiendo los centros educativos amparada en la recuperación de la “tradición cultural” que ni eso…, más bien la colonización de modas foráneas que incitan al consumo y rompen la serenidad que debe imperar en las escuelas, por no hablar de los contravalores que transmiten y que todo el mundo parece pasar por alto.

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