Leer cuentos, escucharlos, es un placer en sí mismo, es un momento compartido de disfrute, de relación entre el adulto que lo cuenta y el niño o la niña que lo escucha. Un momento que debe de nacer del deseo de los niños y de las niñas.

Pero últimamente se han puesto de moda los cuentos que “sirven para algo”, con segundas intenciones, con objetivos, cuentos que a través de su lectura pretenden enseñar algo al niño o a la niña, por ejemplo a no pegar, a no hacerse pipi encima, a dejar el pañal, a no morder, a no tener rabietas, a dejar el chupete, a no tener celos… en la mayoría de ocasiones hacen referencia a situaciones naturales que corresponden a una etapa del desarrollo y que lo que necesitan es un acompañamiento emocional real por parte del adulto, de su figura de referencia y no de un cuento; o bien de una madurez que es cuestión de tiempo.

La finalidad de estos cuentos parece ser que el niño o la niña imiten al protagonista, que tras su lectura se queden con la moraleja, que apliquen a su vida real las herramientas que el cuento ofrece, pero si tenemos en cuenta cómo es el desarrollo de la primera infancia nos damos cuenta de que no es posible.

Por un lado hasta los 5 años aproximadamente los niños y las niñas se caracterizan por estar, tal y como decía Piaget, en una etapa de “egocentrismo intelectual”, lo que significa que no pueden interpretar el mundo desde una perspectiva diferente a la suya.

Por otro lado, los peques de estas edades tampoco tienen adquirida la llamada “teoría de la mente” es decir, la capacidad de ponerse en el punto de vista de las otras personas.

Además, los niños y las niñas pequeños son más emocionales, es decir, como los seres humanos nacemos con el cerebro sin desarrollar, durante los primeros años, el córtex, que es el encargado de razonar antes de actuar, de planificar las consecuencias, de inhibir los impulsos, de ponerse en el punto de vista de los otros… no puede tomar el control ante un estado emocional intenso por muchos cuentos que les leamos.

Lo que necesitan los niños y las niñas pequeños es un acompañamiento emocional y del desarrollo real.

Los peques aprenden desde la vivencia, desde las respuestas que es capaz de ofrecer el adulto ante los conflictos y situaciones reales en el momento que realmente surgen y no desde la teoría y el discurso verbal abstracto.

Los niños y las niñas necesitan que la mirada, el tono, el gesto, la postura, la voz, la respiración, el lenguaje y la acción del adulto ofrezcan un acompañamiento adecuado en los momentos más intensos.

Pero para poder acompañar, primero el adulto tiene que conocer y comprender cuáles son las necesidades afectivas y del desarrollo, y así poder ofrecer la respuesta adecuada, que en muchas ocasiones, es simplemente cuestión de tiempo y conocimiento sobre el desarrollo natural, y en otras, sí realmente hay una dificultad, la respuesta debe de ofrecerla el adulto en la vivencia, a través de un adecuado acompañamiento emocional de las situaciones reales y no a través de la lectura de cuentos.

Ningún cuento puede sustituir el acompañamiento emocional que los niños y las niñas necesitan.

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