Cuando hablamos de lectoescritura en el contexto escolar entramos en el eterno debate de ¿cuál es la edad apropiada para iniciar al alumnado en el proceso lecto-escritor? ¿A qué edad tienen que saber leer y escribir? ¿Cuál es el método más efectivo? ¿Están los cerebros de los niños y las niñas de educación infantil madurativamente preparados para adquirir la lectoescritura?…

A nivel evolutivo tenemos que tener en cuenta que la etapa 0-6 se caracteriza principalmente por el movimiento. Los cuerpos y las mentes de las niñas y los niños de estas edades necesitan experimentar e integrar las características del mundo que les rodea a través de lo motor y de su propia acción. Según vayan avanzando en esta etapa, veremos que lo motor va poco a poco dejando paso a la función simbólica, el lenguaje y las operaciones intelectuales, siendo capaces de descentrarse y accediendo a pensamientos más abstractos. Es en ese momento (entre los 5 y los 8 años) en el que los cuerpos y las mentes de nuestro alumnado estarán preparados para adquirir la lectoescritura sin dificultad.  Lo que no quita que haya niños y niñas que estén preparados/as para leer y escribir antes sin necesidad de forzar procesos.

El aprendizaje de la lectura y de la escritura es un proceso único, individual y genuino de cada individuo. Sería osado pensar que los niños y las niñas aprenden única y exclusivamente a leer y escribir gracias a las propuestas que se hacen desde la escuela. Su naturaleza curiosa, intuitiva y el ser un sujeto activo hacen que todos los niños y las niñas tengan conocimientos previos adquiridos en torno a este código comunicativo. Cada individuo tiene sus propias concepciones que va adquiriendo por la exposición que tiene a los textos escritos desde que nace. Además de la calidad de la exposición al lenguaje escrito, entra en juego la motivación interna de cada uno/a. Y es que en esto es como en todos los aprendizajes, la motivación intrínseca será el motor que movilice la acción dirigida a un objetivo concreto, en este caso ser autónomo/a para leer los cuentos que me gustan, para escribir mis cosas importantes…

Si queremos respetar los ritmos, el punto de partida y los conocimientos previos que traen, el enfoque constructivista es el método que más se ajustaría a este paradigma. Cada alumno/a a la hora de leer y escribir pondrá en marcha un proyecto propio que se adecuará a sus esquemas de conocimiento previo, dándole un significado personal y dotando de una significatividad única al objeto de conocimiento: en este caso la lectoescritura.

Cinco niveles de escritura durante el proceso de aprendizaje

Ana Teberosky nos propone cinco niveles de escritura que podrán servir para describir la mayoría de las producciones escritas de los niños y las niña (entre los 4 y 7 años), desde una perspectiva del sujeto que aprende construyendo su propio aprendizaje. Conocer el punto en el que se encuentra cada alumno y cada alumna facilitará la intervención y propuestas que han de llevarse al aula.

  • Escribir como reproducción de los rasgos de la escritura adulta: es el momento en el que pueden hacer círculos, palos… formas no icónicas para representar letras.
  • Escribir como producción formalmente regulada para crear escrituras diferenciadas: aparecen formas gráficas diferentes,
    suele suceder que ponen las letras que conocen para escribir cualquier cosa (las letras de su nombre, por ejemplo).
  • Escribir como la producción controlada por la segmentación silábica de la palabra: descubren algún tipo de relación entre la escritura y la palabra sonora, apareciendo algunas de las letras que componen las palabras.
  • Escribir como producción controlada por la segmentación silábico-alfabética de la palabra: empiezan a escribir más de una grafía para cada sílaba, pero parece que se han dejado letras por poner.
  • Escribir como producción controlada por la segmentación alfabético-exhaustiva de la palabra: se da correspondencia entre grafía y sonido, aunque pueden aparecer dificultades al escribir sílabas más complejas que no respondan a consonante+vocal.

Una propuesta desde el aula

Y ¿cómo llevar todo esto al aula de manera que se haga una propuesta ajustada a la necesidad y momento evolutivo de cada individuo? A continuación quiero compartir lo que sucedió hace pocos días en mi aula, quizás os resulte inspirador.

El lunes por la mañana, cuando llegamos al cole nos encontramos que a lo largo del fin de semana se habían colado en el patio del colegio y habían roto nuestros maceteros. Las maderas y plantas estaban desperdigadas por el suelo. Evidentemente, dentro de mi programación no estaba trabajar sobre este tema, pero me pareció muy interesante recogerlo y ver qué salía de ahí. Improvisar, vaya…

Nos reunimos en asamblea y empezamos a hacer hipótesis sobre qué podía haber sucedido, quién podía haber sido… Como no nos poníamos de acuerdo dijeron que había que investigar. Entonces ¿qué necesitábamos para investigar?: lupas, sombrero de detective, ir muy atentos/as y… una libreta para apuntar pistas. Tengo que reconocer que me lo pusieron en bandeja. Les pregunté que si les apetecía salir al patio y alrededores del colegio a investigar y a apuntar cosas que pudieran ser sospechosas. La respuesta fue unánime. Improvisé unas libretas con unos folios y salimos a hacer listas de cosas sospechosas.

Ninguna de las propuestas previas que habíamos hecho en el aula fue tan provechosa e interesante. Todos y cada uno de los niños y de las niñas se implicaron y participaron muy activamente. Llenaron sus libretas de dibujos, garabatos, símbolos y letras, según el punto en el que estaban dentro del proceso. Después, en común, leímos algunas de las pistas. Tenían clarísimo lo que habían escrito: un tornillo, una chuche, hielo, una pluma, una huella de zapato, un palo de escoba, manchas de pintura, un puro… Evidentemente no conseguimos detener al culpable del destrozo, pero conseguimos una sesión de hora y media de observación, trabajo en equipo, responsabilidad y mucha lectoescritura.

Bibliografía

  • Fons Esteve, Montserrat. (2010). Leer y escribir para vivir. Alfabetización inicial y uso real de la lengua escrita en la escuela. Graó.
  • Teberosky Coronado, Ana. Artículo: Los conocimientos previos del niño sobre el lenguaje escrito y su incorporación al aprendizaje escolar del ciclo inicial. Revista de Educación.

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