El proyecto pedagógico de las Escuelas de Reggio Emilia ha sido siempre un referente para la educación infantil por su calidad, por su estilo creativo e integrador, por el respeto y la inclusión de la familias y el concepto de niño como co-constructor de conocimiento, pero sobre todo por el concepto de infancia, una infancia capaz y competente para expresarse a través de “100 lenguajes” y construir su propio proceso de aprendizaje en armonía con el entorno natural y el espacio, una filosofía expresada en los centros de Reggio Emilia y difundida por Loris Malaguzzi.

Esta filosofía se ha hecho eco en el mundo entero y han surgido centros que a través de la formación en Reggio han desarrollado proyectos inspirados en ella. Un buen ejemplo es esta escuela localizada en Atlanta que acoge niños de primer y segundo ciclo de Educación Infantil, una organización sin fines de lucro que está comprometida en un proyecto llamado “Proyecto Infinity” junto a otros centros interesados en la práctica de la educación temprana y en la pedagogía de Reggio Emilia, que permite establecer el dialogo y la reflexión continua sobre sus experiencias y contextos con el objetivo de apoyar el pensamiento y la acción de los docentes.

La Escuela Infantil El Nido se esfuerza en ofrecer un espacio familiar dónde familias, niños y niñas se sientan como en su propio hogar. Los espacios están diseñados de forma atractiva y acogedora para crear un contexto de aprendizaje significativo que exprese todos los valores y creencias de la filosofía de Reggio.

La escuela fomenta las relaciones interpersonales entre niños, niñas y adultos con el fin de proporcionar una experiencia educativa de calidad, basada en la creencia de que en la infancia se tiene una disposición natural para el aprendizaje y una curiosidad innata que, cuando se nutre intencional y cuidadosamente, florece en un interés por el aprendizaje de por vida.
Desde un punto de vista filosófico, se consideran constructivistas sociales.

A través de su ideario y de las imágenes se constata que este centro tiene todas las características distintivas que han hecho que el enfoque de Reggio Emilia sea tan notable: la imagen del niño-a, las relaciones e interacciones de los niños y de las niñas dentro de un sistema, el papel de las familias, la consideración del espacio, docentes y alumnado como socios en el aprendizaje, el poder de la documentación, los múltiples lenguajes de niños y niñas, los talleres y proyectos, los ambientes de aprendizaje, el contacto constante con la naturaleza… sin olvidar la importancia que le dan a la alimentación saludable y su preparación en la cocina con la participación expresa de niños y niñas.

Nos encontramos pues con una escuela que actúa como un modelo democrático en el que todos los participantes interactúan entre sí en un espíritu de respeto mutuo y en la que se ha desarrollado un proyecto complejo en el que sin tener los recursos habituales de las escuelas italianas han conseguido implicar a las familias y garantizar el mejor ambiente educativo posible en el que desarrollar los “cien lenguajes”.

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