En una entrada anterior de «#En5líneas» Ares planteó una cuestión que me pareció muy sugerente ¿cómo es la escuela con la que sueño?. En ese momento empecé a soñar escribiendo ¿o escribí soñando? no lo sé. El caso es que de ese proceso surgió el escrito que hoy os presento:

La escuela, con la que sueño, no solo sería un espacio. Eso si, un espacio cálido, reconfortante, acogedor… sería mucho más. Sería un lugar de convivencia, investigación, descubrimiento, debate… Sería también un grupo de personas que conviven y se coordinan con un objetivo común: que el niño pueda ser niño

Respeto, juego, experiencias... es lo que encontrarás por aquí.
Si te mueve la infancia, te mandamos un artículo semanalmente.

La escuela, con la que yo sueño, no tendría prisa. Daría tiempo. Tiempo para acoger, para escuchar, para acompañar, para consolar. Tiempo al niño para observar, probar, intentar, retomar, contar o callar. Tiempo para caer y, sobre todo, para que pueda levantarse. Daría tiempo al adulto para reflexionar, debatir, documentar y documentarse. Tiempo, al igual que al niño, para ser acogido y acompañado. Y tiempo, como no, para las familias. Para conocer, confiar, comunicar, participar y empaparse de la cultura de la infancia.

escuela soñada

En la escuela, con la que yo sueño, se valorarían las miradas, porque las miradas transmiten lo que se ve y lo que no se ve. También el tocar, el oler, el sentir y no solo el oír. Porque si estamos atentos a todo ello podremos escuchar, escuchar de verdad. Y en la escuela, con la que yo sueño, se escucharía mucho, se escucharía todo el rato.

En la escuela, con la que yo sueño, no seríamos muchos para poder conocernos todos por nuestros nombres, y seríamos varios grupos pequeños, familiares. En la con la que yo sueño no tienen cabida las masificaciones ni los grupos muy numerosos, donde la individualidad de cada ser se diluye en un único concepto: grupo. Habría momentos en los que el “yo” pasase a ser “nosotros” pero, ese nosotros, podría ser abarcable tanto por el adulto como por el niño, sin que se despistaran los diversos “yoes”. Por eso, sueño con grupos pequeños.

En la escuela, con la que yo sueño, no se encontrarían muchos juguetes. Estaría llena de materiales muy variados, poco estructurados, que se transformaran al llegar a las manos del niño y al ser vistos a través de su imaginación. Madera, metal, telas, corcho, esponjas, cartón, cajas, muchas cajas grandes y pequeñas. Diferentes tactos, colores, olores, temperaturas, sonidos, tamaños… Creando un entorno polisesorial, atractivo, interesante y creativo.

A la escuela, con la que yo sueño, se acercarían las familias que quisieran compartir la educación de sus hijos y creyeran en ese proyecto, en esa pedagogía y formarían parte de ella. No lo harían porque no les queda más remedio por cuestiones laborales, lo harían por convencimiento, centrados en sus hijos. Porque para que pudiera existir la escuela, con la que yo sueño, las medidas de conciliación serían reales. Es decir, podrían conciliar su vida familiar y laboral y no excluir a la familiar para desarrollar la laboral. Así, los niños no tendrían que pasar jornadas interminables en la escuela, ni vendrían enfermos, ni convalecientes… Y, por su puesto, sería gratuita, accesible a todo tipo de familias que, como he dicho antes, quisieran compartir la educación de sus hijos y, a su vez, crear escuela. Esa escuela maravillosa con la que yo sueño.

Izaskun Resano Apezarena
Técnico en Integración Social y Educación Infantil. Diplomada en Magisterio de Educación Infantil. Trabaja como Educadora Infantil en las Escuelas Infantiles Municipales de Pamplona. En la actualidad directora de la Escuela Infantil Municipal Donibane

1 Comentario

Dejar respuesta

Escribe tu comentario
Tu nombre