Imagen de John Hain en Pixabay

Lo que procuro cuando enseño la matemática es basarme siempre en mi gran referente: José Antonio Fernández Bravo. Fue él quien realmente me abrió los ojos de cómo debía prepararme las clases. Lo hizo, sobre todo, con una de sus famosas frases: “hay que enseñar desde el cerebro del que aprende y no desde el cerebro del que enseña”. Es por ello que, cuando me dispongo a preparar una clase para mis alumnos (en lo que resta de documento nos referiremos a ellos como alumnos y/o niños siguiendo las recomendaciones de la RAE http://www.rae.es/consultas/los-ciudadanos-y-las-ciudadanas-los-ninos-y-las-ninas consulta realizada el 08 de febrero de 2020), hago lo que a día de hoy me resulta más complejo, meterme en sus cerebros y ver cómo me gustaría a mí que me enseñasen un concepto. Busco ejemplos, preparo la clase y, sobre todo, busco contraejemplos que puedan ayudarme a sustentar el concepto que quiero hacerles llegar. Cuento con que ellos van a hacerme una serie de preguntas y yo, a través de su lenguaje, debo ser capaz de guiarles por el camino que quiero que vayan con estos ejemplos y contraejemplos.

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El método

Algo que yo considero básico y fundamental es la relación bidireccional manipulación-aprendizaje.  Esto está sustentado en la metodología que yo utilizo para el desarrollo y enseñanza de la matemática en todas mis clases, basada en la acción-relación por parte del alumno. En este caso concreto, el método para alcanzar el aprendizaje y comprensión del concepto a trabajar “mayor que, menor que e igual que” mantiene esta idea metodológica.

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Para ello, sostengo que toda acción requiere un movimiento, todo movimiento conlleva una intención basada en sus relaciones neuronales, las cuales son necesarias para el aprendizaje del alumno. Es decir, si yo manipulo estoy realizando una acción, me muevo, hago mis relaciones y, en consecuencia, aprendo. ¿Por qué sucede esto? Porque necesito buscar qué sé para lograr, a través de esta nueva experiencia, saber más.

Lo que voy a demostrar es cómo el alumno, al moverse, está mostrando lo que sabe y cómo vamos a lograr, gracias a estas acciones y relaciones, que sepa más. Todo esto lo haré a través de su vocabulario para que la comprensión del concepto le resulte más familiar y sencillo. Una vez lo han asimilado cambiaré su vocabulario por el lenguaje matemático específico.

El concepto

El concepto a trabajar, en este caso, fue: mayor que, menor que e igual que, para un aula de primero de primaria. Como yo sabía qué quería trabajar y cómo iba a enfocar la clase, primero les dejé el material unas semanas antes para que jugaran con ello de manera libre. Que se fueran acomodando a ese material para luego ver que sentido tenía o para qué iba a servir. Les dejé una repisa de una ventana, la cual cuenta con uno o dos carriles, y es larga (según con qué lo comparemos, que es una de las premisas de la matemática: larga respecto a qué) en comparación a otros materiales que había pensado, y una esfera de madera que entrase en el carril para que se deslizase por ellos. Este material lo utilizaron como ellos quisieron, muchos de ellos en uno de los rincones que tenía en el aula que era construcciones o lego. Si te parabas a escucharles decían: “lo vamos a poner en la mesa de Raúl que es más alta que las nuestras y la esfera caerá más rápido y podrá destrozar el muro que hemos construido”; “vamos a jugar a ver cómo hacer que la pelota no se caiga de la rampa”, y como estos otros muchos ejemplos más. Lo que estaban diciendo me encantaba, pues estaban haciendo comparaciones que luego me serían muy útiles para la clase que buscaba.

Una vez llegó la clase, no toqué la pizarra. Empecé jugando con ellos en base a su lenguaje “es más alto que” y “es más bajito que” por lo que les fui sacando a la pizarra, les ponía uno al lado del otro y les preguntaba hacia donde creían ellos que iría la esfera. Tras ello, colocaba la repisa sobre sus cabezas y ponía la esfera donde ellos me decían para ver hacía donde caía (siempre la ponían en la zona que se encontraba más alta para que cayera más rápido, ¡les encantaba!).

Una vez hecho este proceso, utilicé las construcciones, bloques de madera del MISMO TAMAÑO (fijaros en las imágenes). Insisto en lo del mismo tamaño, pues es importante que sean iguales para que no haya lugar a equívocos porque unos sean más grandes que otros, pues en el caso de los números, 3 es uno más uno más uno, siendo uno siempre el mismo elemento. Por eso es fundamental que sean iguales. Así que colocaba los bloques en dos torres, 7 en una de ellas y 5 en la otra. Y les preguntaba cuántos había en cada bloque y hacia dónde creían que caería la esfera. Ellos solos, y a través de su lenguaje, estaban llegando a donde yo quería que fuesen, aunque yo aún no había dicho nada ni yo había dejado de utilizar sus palabras. “Creemos que va a caer en dirección al 5 porque la del 7 es más alta que la del 5”. Y se comprobaba con ellos. Después alteraba el orden, primero la de 5 y luego la de 7, para que vieran que depende de donde se colocase la que era “más alta” la esfera caería hacía un lado o hacía el otro, pero que siempre caía hacia el lado de la “más bajita”.

Cuando esto ya había quedado claro, pasamos a los números (más adelante les metía sumas y restas y así me servía para que fueran practicando también). Ellos los dibujaban en la pizarra, pues así eran ellos los que manipulaban todo el rato. Y éste mismo alumno que dibujaba era el que colocaba los bloques de construcciones, la repisa (para ellos “la rampa”) y la esfera. Pero antes de colocarla y poner la esfera, les hacía la misma pregunta: “¿hacia dónde crees que va a caer la esfera? ¿por qué?”. Y antes de tirar la esfera, les pedía que dibujasen la forma que creaba la repisa respecto a los bloques, quedando dibujado en la pizarra un segmento inclinado hacia uno de los números o recto (en caso de ser igual que). Una vez hecho esto, ponían la esfera en el extremo “más alto” para que la esfera cayese o se quedase quieta en caso de ser igual que.

Una vez se ha trabajado con el material y los números en la pizarra, quitamos el material pero mantenemos el uso de los números en la pizarra, siendo ellos los que siguen escribiendo. Y ahora, les dije: a lo que tú llamas “más alto que”, “más bajito que” o “igual de alto/bajito que” vamos a decirle, cuando sean números, “mayor que”, “menor que” o “igual que”. Haciendo que su lenguaje pase a ser el que quiero que aprendan, pero solo con este cambio de palabras, pues el concepto ya lo hemos trabajado y no se ha necesitado una explicación teórica.

Salían, ponían los números que yo les decía y me tenían que decir si era “mayor que”, “menor que” o “igual que”. No hizo falta repetírselo, pues ya saben que ahora estamos jugando con estas palabras. Y hacían el dibujo “de su rampa”.

Algo que considero indispensable es el hecho de que todos salgan, que todos jueguen y que todos se sientan y sean participes. Si tienes que hacerlo varias veces con alguno, hazlo, pues será un beneficio para él y no deja de ser un repaso para el resto. Esto lo aplico a todas las fases.

Una vez he jugado con todos es cuando les completo el dibujo diciendo que el símbolo que en la matemática representa el mayor que, menor que e igual que se dibuja así. Es completar su rampa, nada más, y es el único momento en el que he tocado la pizarra.

Imagen que contiene interior, persona, hombre, pared

Descripción generada automáticamente

Cuando ya hemos completado todas estas fases, volvemos a jugar con las palabras que ya hemos aprendido y con el dibujo completo. Esto te llevara 3 o 4 sesiones, quizás algo más en función del grupo y sus necesidades, pero es algo que ya no olvidarán y merece la pena hacerlo despacio para obtener una plena comprensión.

Debemos ser conscientes de que el material es un apoyo y una herramienta de trabajo, pero que cuando el niño ya no lo necesita, si vemos que él no dice que ya no lo necesita (muchos de ellos te lo dirán) debemos ser capaces de ver cuándo está preparado, pues ya no es necesario que continué con el material, pues necesita verlo en su cabeza sin tenerlo físico, es aquí cuando termina de realizar las conexiones neuronales necesarias y ha obtenido la plena comprensión y entendimiento.

Es un concepto trabajado y bien asimilado, el cual ha tenido un gran impacto en los alumnos y, a día de hoy, es algo que saben y que recuerdan a la perfección. Además, te lo cuentan con una sonrisa en la cara porque fue algo bonito para ellos con lo que disfrutaron, se divirtieron y, lo mejor de todo, aprendieron.

Y es que, no hay nada más bonito y que me generé más emoción, que ver la sonrisa de un niño cuando te cuenta una experiencia que ha vivido contigo y que ha significado un momento importante de en su vida y en su desarrollo madurativo y cognitivo.

Para concluir

Lo que he descubierto al trabajar a través de esta metodología es que los alumnos llegan a tener una plena comprensión del concepto gracias a las relaciones neuronales que han realizado para llegar a él. Nosotros, los docentes, nos mostramos como guías para ellos, pero les debemos dejar tiempo para pensar y realizar sus propias conclusiones, pues todos han manipulado y sido participes del aprendizaje. A través de la acción, han generado una experiencia que van a ser capaces de utilizar en su día a día, siendo un aprendizaje más significativo que si lo hubiéramos realizado de una forma teórica y poco manipulativa. Esta experiencia refuerza positivamente el entendimiento, pues ven que es algo útil para su vida cotidiana y para el “saber más” que les queda por delante.

Algunos libros

Para entender mejor esta mirada, os dejamos por aquí una pequeña bibliografía. Nosotros siempre recomendamos el comercio local y de cercanía por lo que puedes ir a tus librerías de confianza. Pero si quieres hacerlo online, te facilitamos los enlaces:

Raúl García Velázquez
Enseñanza basada en el apasionante mundo de la mente del niño. Aprendiendo de forma continua de y con los niños. Máster experto en metodología didáctica para la enseñanza de la matemática en Educación Primaria. Grado en Magisterio Primaria Bilingüe con mención en Educación Física. Máster en Psicopedagogía (convivencia e inclusión educativa). Trabaja como tutor de 4º de Ed. Primaria y profesor de Ed. Fïsica en primaria en el Colegio Cristo de la Guía (Madrid)

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