Control de esfínteres
Imagen de Mahesh Patel en Pixabay

El pañal, invento amado y odiado a partes iguales. Amado en los primeros meses de vida donde nadie duda de sus bondades. Odiado cuando la presión externa afirma que ya no corresponde su uso. Pero, su funcionalidad no varía por eso, vamos a indagar un poco en lo que implica el control de esfínteres desde la perspectiva infantil y educativa.

Acompañamiento

Bebe, Niño, Bebé, Después Del Baño, De La Sonrisa
Imagen de rafael1979 en Pixabay

El trabajo de acompañamiento en la adquisición de este logro no es puntual, comienza en el primer año de vida y tiene como base la libertad de movimiento del bebé pues fortalece la musculatura que integra el suelo pélvico, imprescindible para alcanzar el control de esfínteres en el futuro. El cambio de pañal en este período, conecta con sensaciones corporales, con la cobertura de necesidades físicas y emocionales, con la toma de conciencia de ser “uno”; separado y diferente del “otro”. Lo fundamental es construir un momento agradable que transmita sensaciones de placer; con sonrisas que dan permiso, con palabras que adelantan acciones para que comprendan lo que vamos a hacer con sus cuerpos, con caricias que alimentan los afectos…

Respeto, juego, experiencias... es lo que encontrarás por aquí.
Si te mueve la infancia, te mandamos un artículo semanalmente.

Un poco más tarde, cuando la psicomotricidad adquiere mayor sostén llegan los cambios con mayor participación del niño y la niña; pueden identificar su pañal, ayudar a despegar el velcro, tirar en la pañalera los residuos… En la escuela como en casa, podemos favorecer los cambios de pie; que permiten una mayor participación, consciencia del cuerpo y de las acciones por parte de los pequeños y pequeñas. De esta manera potenciamos que desarrollen una mayor autonomía al tiempo que fortalecen su autoestima.

Hasta aquí no suele haber ninguna incidencia pero, a medida que avanzan los dos años, las prisas comienzan a hacer su aparición. Hay muchas razones esgrimidas por el adulto para justificar esta prisa, casi todas vinculadas al miedo; miedo al realizar comparaciones con iguales cuyo desarrollo sigue un ritmo diferente, miedo porque se acerca el cambio de ciclo y la presión aumenta… en fin, ¡MIEDO! Podemos comprender la postura del adulto, pero no podemos olvidar que el protagonista es otro. Si queremos ser justos debemos devolverle el papel principal al niño y a la niña y respetar sus necesidades individuales.

Proceso

Niño, La Infancia, Medidas, Peluche
Imagen de Laura Retyi en Pixabay

Entendiendo que cada proceso es diferente, puede ocurrir que, alrededor de los dos años estén presentes señales que vienen a indicar que el control de esfínteres comienza; ya que no se puede programar ni calcular, ¡el control de esfínteres se da! Llega cuando las condiciones del desenvolvimiento cognitivo y físico son las ajustadas. Si, condiciones cognitivas, porque a mayores de la fuerza muscular necesaria para retener o evacuar, la voluntad de abrir y cerrar los esfínteres corporales depende de la maduración neuronal que permite la conexión sináptica y el procesamiento del estímulo.  Sin esta capacidad en cuanto la vejiga alcance un nivel de líquido determinado en su interior, automáticamente será expulsado del cuerpo como un acto reflejo ¡cómo un estornudo! Por eso, de nada sirve forzar o adelantar etapas, porque no se trata de una decisión o una elección del niño o de la niña, se trata de un salto cualitativo en el desenvolvimiento que los adultos esperamos con mayor o menor ansia.

Desde las escuelas del primer ciclo procuramos dar estrategias al adulto, al mismo tiempo que tenemos la obligación de visibilizar las necesidades infantiles al respecto. Por eso vamos a acotar el tema y aproximarnos al momento en el que los menores se van acercando al logro de la autonomía en este ámbito. A medida que el desarrollo avanza las capacidades de los niños y las niñas aumentan, por ello, podemos detectar ciertos indicadores que advierten que van tomando el control de funciones corporales básicas; lo que no implica que se hayan alcanzado, y, mucho menos que se dominen. Por ejemplo:

  • Cuando el cambio de pañal es más espaciado, aguanta más tiempo seco.
  • Cuando expresan su incomodidad porque tienen mayor consciencia de la defecación y de la micción. En algunos casos comienzan a avisar antes de hacer pis o caca en el pañal, lo que puede ser indicativo de que hay consciencia de sensaciones corporales internas previas a la evacuación, aunque no posean la capacidad de controlar el proceso en sí.
  • Cuando muestran curiosidad por reconocer las diferencias físicas entre sexos en relación a sus genitales.

Estas señales y otras que podemos apreciar si nuestra mirada está atenta, sugieren que existe una cierta predisposición. La tarea del adulto será acompañar esta transición hasta la consecución de una completa autonomía.

Cuando la parte afectiva apoya la maduración física y cognitiva, los pequeños y pequeñas comienzan a solicitar el uso del váter (quieren imitar).

En este momento podemos confiar en su sabiduría interna y apoyar el hábito, sin presión, con naturalidad. En este caso, aún sin estar realmente preparados expresan su apertura al proceso. No será necesario elogiar si lo logran, ni reprochar si no lo hacen; simplemente se trata de estar ahí: si sale pis limpiamos las gotas con papel y ponemos de nuevo el pañal; si no, ponemos el pañal y cuando vuelva a tener ganas repetimos el proceso. Lo habitual es que se vayan autorregulando por sí mismos, pero podemos aprovechar ciertas rutinas para afianzar este hábito, como:

  • Por la mañana al despertar, antes de ir a desayunar.
  • Antes de comer combinado con el lavado de manos.
  • Antes del baño en la noche o antes de ir a dormir.

No se trata de imponer el hecho de tener que sentar en el váter como si fuese una obligación, no van a alcanzar antes la maduración necesaria por mucho que lo hagan. Se trata de ofertar, de invitar; una posibilidad a la que tiene todo el derecho a negarse pues estamos hablando de su cuerpo. Lo común es que cuando están interesados todo vaya fluido y así, poco a poco, van alcanzando las facultades que les habilitan para controlar voluntariamente partes de su cuerpo que, hasta ahora, estaban regidas por el sistema autónomo. Si llegamos a comprender esto encontramos la lógica al porqué se tiende a alcanzar antes el control en vigilia que durante el sueño o, de porqué cuando el cerebro del niño o de la niña pasa por momentos de cambio que generan estrés existen regresiones. Y es que los circuitos neuronales están reforzarse para, poco a poco automatizar dichas capacidades, por eso, cuando los recursos cognitivos se ven requeridos para apoyar aspectos emocionales el sistema autónomo recupera el control de estas funciones, lo que es percibido por el adulto como un retroceso. Un retroceso que hay que matizar ya que en dichas circunstancias aporta información muy valiosa sobre los conflictos internos que el menor está gestionando y a los que podremos dar asistencia y cuidado.  

Hoy en día contamos con muchas ventajas que facilitan el día a día para afrontar esta etapa: los pañales de subir y bajar, los empapadores para colocar en la cama o en las sillas del coche, etc. Pero, sin duda alguna, el mejor recurso que podemos ofrecer es el tiempo, un ritmo lento acorde a los propios de la infancia. Por eso, si estáis acompañando este momento de transición y se aproxima un paso adelante, cuidad estos aspectos.  En todo caso, el mejor escenario es siempre aquel en el que el niño o la niña manifiesta su deseo propio de estar sin pañal, pero si por diversas variables esto no ocurre, recordad que las prisas no ayudan. Lo mejor será minimizar la presión de compromisos laborales y sociales; organizad vuestras agendas. Facilitaros la tarea y asegurad la logística adecuada para afrontar posibles accidentes sin que eso añada una carga adicional al día que repercuta en la relación con el pequeño o la pequeña.  Pase lo que pase, procurad mantened una actitud relajada y abierta, no es fácil, por eso sed previsores para solventar posibles incidencias y tomad consciencia de que es responsabilidad del adulto maduro sostener emocionalmente al menor. Porque dejar el pañal implica dejar atrás otras cuestiones muy significativas; el apego a un objeto que lleva años en contacto con su cuerpo, el cambio en la relación con el adulto de referencia, etc. Para desvincularse de lo conocido, de lo que reasegura, necesitan confianza interna. Este es un reto que los hace mayores, más independientes del adulto y eso requiere sentirse “capaz”, conquistar terreno al rol del adulto omnipotente. ¡Toda una victoria! Por eso, calma, llegarán a la meta, lo importante es que cada paso sea una victoria, un logro en la vivencia de esta experiencia para los niños y las niñas, una conquista en aspectos físicos y emocionales en pro de la construcción de su propia historia de vida.

2 Comentarios

  1. Estas pautas que son evidencias científicas, por desgracia, será muy difícil que sean aplicadas. Hace falta una educación para la paternidad y maternidad. Sin una educación para la materno-paternidad serán los patrones de nuestros antepasados los que continuarán aplicándose

  2. Es cierto, la toma de conciencia personal es fundamental. La información debe llegar y el poder encontrar nuevas fórmulas para relacionarse con la infancia es el primer paso, el que abre camino. Más allá y en el fondo de todas las interacciones personales el compromiso individual la búsqueda y profundización para abordar y, si es posibe, evolucionar los patrones inconscientes que se perpetúan, es un trabajo que necesita ser abordado para que llegue a ser visible en el colectivo social.
    Gracias por tu aportación!

Dejar respuesta

Escribe tu comentario
Tu nombre