Unión entre familia y escuela.

No debemos dejar de lado que trabajamos diariamente con niños y niñas que no vienen solos a la escuela sino que traen también su sistema familiar. Cada sistema familiar comparte unos valores e ideas previas así como diferentes formas de ver el mundo y es por ello necesario que ubiquemos a nuestro alumnado de esta manera. El siguiente paso sería respetar, sin juicios, cada uno de los sistemas familiares y trabajar partiendo de lo que es. Esto supone un ejercicio de introspección por parte del profesorado muy profundo y necesario. Solo así podrá crearse una comunidad donde convivir de forma sana y constructiva.

Primeros contactos con la Pedagogía Sistémica

Los primeros contactos fueron gracias a mi curiosidad por aprender y leer todo aquello relacionado con mi profesión. Hace trece años tuve la primera oportunidad de formarme en pedagogía sistémica a través del Centro de Apoyo al Profesorado en Madrid. Tras esta formación he llevado a cabo mi labor docente siguiendo las premisas sistémicas y he comprobado los beneficios de aplicarla en la escuela. A mi modo de ver, se debería extender la pedagogía sistémica en todos los centros escolares, para mejorar, tanto la relación entre los actores implicados, como para comprender mejor a nuestro alumnado y sus familias.

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La pedagogía sistémica me ha hecho reflexionar sobre mi propia familia. ¿Quién soy? ¿Qué lugar ocupo dentro de mi sistema familiar? ¿Qué experiencias he vivido? ¿Cómo me he enfrentado a ellas? ¿Cuáles son mis expectativas?. El trabajo de autoconocimiento llevado a cabo por los maestros nos da una mirada más profunda de la escuela y nuestra práctica educativa.

La Pedagogía Sistémica

  • Sensibilidad para respetar los diferentes contextos y ampliar la mirada para percibir los detalles más sutiles. Nuestro alumnado proviene de contextos familiares y culturales determinados con una concepción del mundo particular. El docente debe tener humildad para ver las propias concepciones no como lo mejor sino una más.  Esto conlleva que hagamos un ejercicio de reconocimiento de nuestro contexto, lo que somos y llevamos a la escuela nosotros mismos. Cada cual funciona de la mejor manera posible, escoge la mejor opción posible para adaptarse al entorno. Cada familia trae aspectos especiales y únicos al aula y cada una debe tener su sitio y su valor dentro de nuestra clase y nuestro corazón. Formamos una comunidad cuando todas las familias son aceptadas de corazón, dentro del aula y del propio centro escolar. De hecho es la aceptación de quienes nos rodean muy importante para todos nosotros, para sentir que pertenecemos a ese lugar y dar así lo mejor de nosotros. Esta aceptación es necesaria tanto para el profesorado como para las familias.
  • Docentes afectuosos y disponibles. Carl R. Rogers en su libro «Psicoterapia centrada en el cliente» hablaba de una cualidad de presencia basada en  la escucha, la empatía, la aptitud de ponerse en resonancia con los pensamientos y afectos del otro. Respetamos profundamente al otro y lo acogemos afectuosamente. Practicamos la escucha atenta de lo que ocurre en el aula poniendo en práctica la pedagogía de la calma en nuestra práctica educativa. He aquí donde necesitaremos hacer gala de nuestra inteligencia emocional, intergeneracional, etc.
  • El agradecimiento y la admiración para poder aprender. Agradecer es tomar lo que nos ha sido dado. En primer lugar, la vida. Agradecer lo que nuestros padres y las generaciones anteriores de la humanidad nos han aportado. Es importante restablecer una cadena de admiración hacia nuestros ancestros, otras generaciones y las diferentes culturas. No se trata de admirar una cultura por encima de otra. Todas las culturas, todas las familias tienen hechos y personajes admirables.
  • Mirada apreciativa. Debe ser la nuestra una mirada apreciativa con la que alentar al alumnado inspirándole a ser la mejor versión de si mismo. En palabras de Sartre «somos conscientes de nosotros mismos en la medida en que el otro nos valora, cuenta con nosotros, nos estima, odia, quiere, detesta…».
  • Motivación como motor de aprendizaje. La primera motivación sería la necesidad de establecer vínculos con los demás. En la escuela no encontramos niños y niñas motivados al cien por cien durante toda la mañana. Debemos ver cada caso para saber por qué tenemos a un alumno apático, qué podemos hacer ante ese reto o llamada de atención. Un niño sano y feliz difícilmente estará apático. El pensamiento sistémico nos haría centrar la atención en comprender la organización y la estructura de los elementos que están afectando a un sujeto. En ningún caso podemos pensar que su comportamiento es «para molestar» o «es malo». Aunque nos desborde la situación o no sepamos como reconducir los comportamientos somos nosotros los profesionales y quienes debemos mantener la calma.
    Para favorecer la motivación debemos, reconocer y considerar a cada uno de nuestros alumnos, apoyarles, reforzarles y conocerles. Debe ser estimulada su curiosidad y ofrecerles situaciones de aprendizaje que sean atractivas para ellos.
  • Inclusión y pertenencia. No debemos olvidar que la escuela debería ser un lugar de inclusión que nos ayude a crear una sociedad más armónica y pacífica. La inclusión debe ser real y no solo una palabra de moda. A veces desde la comunicación no verbal excluimos, juzgamos, devaluamos, y así se perpetúan los problemas. Debemos abrir nuestro corazón a cualquier tipo de familia y así estarán realmente aceptados tanto nuestro alumnado como sus sistemas familiares.

Todo lo expuesto anteriormente nos presenta un gran reto ya que no es fácil, no se trata de dominar un aspecto técnico, como puede ser manejar un ordenador, se precisa ser. Ser tolerante, abierto, inclusivo, acogedor, etc. Esta mirada representa un cambio de actitud por parte del docente, hace necesario mirarnos a nosotros mismos y nuestro propio sistema familiar. ¡Merece la pena el reto!

Bibliografía

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Aránzazu Fernández Durán
Licenciada en Filología Inglesa y magisterio de inglés. Durante los últimos años, he trabajado con todo tipo de alumnado: infantil, primaria, universitarios, adultos y clases de español para extranjeros. Me interesa toda aquella formación que se acerque a una concepción humanista de la educación. Actualmente soy tutora de un grupo de 1º de primaria en el CEIP María del Mar Romera. En la actualidad realizando formación en Disciplina Positiva y plataformas educativas online.

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