10 metáforas (transformadoras) de la Educación Infantil

  Imágenes: Javier Abad (2020).

A través de la escritura y la lectura de este artículo (ambas acciones se nutren entre sí), quisiéramos compartir diferentes imágenes-palabra como aportación y propuesta para un cambio en el imaginario pedagógico y simbólico de toda la comunidad educativa. Desde nuestra labor como profesores de formación inicial y permanente, hemos reunido metáforas cotidianas de la escuela como reflexión para explicarnos de “otras” maneras.

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Metáfora SOMOS…

Los árboles tienen la forma corporal del viento (Poema Zen de Zenrin Kushu).

Si nos preguntaran qué forma tiene el viento, sería difícil de explicar pues es no es visible. Pero el poema Zen lo explica de manera sencilla con una maravillosa metáfora, pues el aire en movimiento modela la forma del árbol con la fuerza de un vendaval o la suavidad de la brisa. E incluso, el sonido de sus hojas también dibuja en nuestro pensamiento lo que no es visible pues podríamos decir que son la “voz del viento” que habla en susurros.

Y no es solo un juego de palabras, sino de significados. Así, la Educación tiene sus propias metáforas para representar la realidad y concretar el hecho pedagógico. Es decir, para metaforizar nuestra labor diaria que está llena de “rutinas”, pero también de rituales. La metáfora textual o visual es el puente (una metáfora para explicarse a sí misma) entre los significados de distintas palabras, ideas o conceptos. Es decir, un trasvase poético o “préstamo de sentido” que elabora una nueva realidad y evidencia la sutil belleza del lenguaje desde el humor e inteligencia amable que introducen variables en las hipótesis y que solo son posibles explicar desde la analogía y el “como si”. Por tanto, una metáfora es una cosa y, al mismo tiempo, dice otra que permanecen unidas como el haz y el envés de una hoja, otra metáfora educativa. Lo real (denotativo o literal) y lo imaginario (connotativo y simbólico) envuelven a la idea mediante el juego de la palabra que se enriquece con nuevas perspectivas o (des)enfoques de la mirada y el pensamiento para convertir la descripción en narración. O como un “andar de puntillas” por el lenguaje.

Existen metáforas en el ámbito educativo quizás ya conocidas como la idea de expresar la unión mediante el “tejido”, el proyecto común a través del remo en la misma “barca” o el “iceberg” que apenas muestra una mínima parte de la realidad. Y otras comunes que deben ser ya revisadas si se imagina al educador como una “brújula” o guía pues significaría que alguien va delante y otros detrás, cuando la idea es mucho más poderosa si caminamos juntos como acompañantes de vida. Es por ello, que la lúdica del lenguaje debe ser nuestro mejor aliado, no solo en la transformación de ese imaginario docente, sino también una buena ayuda que nos ofrece los mejores argumentos para construir el relato de nuestra labor cuando comunicamos con las familias y otros profesionales.

En Reggio Emilia también elaboraron sus propias metáforas para explicar su innovadora propuesta y recurrieron con clarividencia al “ambiente como acuario transparente”, a la sutileza de “caminar por hilos de seda”, a la poderosa imagen de la “piazza del mercado” donde todo está a la vista y se visita con los 6 sentidos en una idea de la diversidad y riqueza que habitan la escuela o la metáfora de la “bicicleta” donde la estética y la ética deben pedalear a la vez, pero con el manillar o conducción del sentido político de ambas. E incluso, una muestra que recorrió medio mundo en los años 80 también utilizaba como título otra famosa metáfora Reggiana: “El ojo se salta el muro” para expresar que la mirada va mucho más allá de lo que podemos percibir en la inmediatez y que tuvo más tarde su continuidad con otra exposición-metáfora: “Los 100 lenguajes de la infancia”.

De igual manera, los niños incluyen el pensamiento metafórico en su expresión oral de una manera intuitiva y muy poética: decir que “los cristales lloran” cuando las gotas de lluvia los recorren lentamente, es sin duda, una hermosa imagen y son representaciones de la realidad que pueden ser “pensadas” por la infancia y los artistas (y los educadores). A los niños les gustan las metáforas pues, además de suponer una exploración lúdica del lenguaje, son conscientes de la gran fascinación y sorpresa que generan en los adultos. Y desde la creación artística, la poesía de F. G. Lorca es una interpretación metafórica de la vida mediante imágenes literarias que percibimos y “leemos” a través de todos los sentidos. Por ejemplo, lo visual se convierte en sonido, gusto y olfato cuando escribe “lengua azul de playa” en el uso de la metáfora sinestésica que convoca la sensorialidad.

Por ello, la Educación se explica a sí misma desde la diversidad que expresan los procesos de construcción comunitaria que dan sentido a nuestra vocación y que, más allá de una definición eficaz, usa el poder de la palabra para la persuasión con estas 10 metáforas:

1. La metáfora del Bambú

Comenzamos con una metáfora prestada que podemos contextualizar en el ámbito de la Educación Infantil: sabemos que la planta de bambú tiene el record de crecimiento rápido en el mundo vegetal. Su semilla puede tardar hasta siete años en brotar, pero cuando asoma al exterior y en tan solo seis semanas… ¡crece más de 30 metros! ¿Y cuál es su secreto? Durante el tiempo que permanece invisible bajo tierra, va generando lentamente un complejo entramado de raíces horizontales que sostendrán después su espectacular desarrollo. Si pensamos ahora en la metáfora y su relación con la infancia, también debería tener ese tiempo lento para crecer “por dentro”, en la quietud y el bienestar que los adultos deberíamos respetar en la espera y la escuela saber escuchar, pues ese sustrato enraizado es la constitución de ser humano que será para toda la vida.

2. Los niños ya NO son esponjas

¿Quién no ha dicho o escuchado alguna vez esta metáfora de la infancia? Es tiempo de revisarla desde un nuevo imaginario que cuestione la visión y comprensión de los niños como objetos porosos que absorben todo lo que el adulto o el entorno solicita. Sin una mala intención, por supuesto, pensamos en ellos como “objetos” a (re)llenar y se ha convertido en una expresión instalada en el lenguaje educativo. Pero… ¿y si invertimos la metáfora y les consideramos mejor como el elemento vivo y dinámico por el que fluye la vida y por el que entran y salen las ideas? Entonces ya no serán esponjas, sino el agua.

3. La pluma de la película de Forrest Gump

Si la vida es como “una caja de bombones” (otra metáfora), Robert Zemekis, el director de la famosa película realizada en 1994, quiso explicar que todos somos como una pluma en el viento, a la deriva de la vida y el destino que nunca tiene un rumbo fijo y es traída y llevada por la corriente de los acontecimientos. Su vuelo errático, al principio y al final del filme, simboliza lo impredecible de nuestra existencia e incluso, que todo puede cambiar con un golpe de fortuna o azar que desbarata cualquier proyecto y expectativa.

Como metáfora en Educación, podemos asociarla a la necesaria gestión del cambio y la acogida de lo inesperado y la incertidumbre. La volátil situación del día a día depende de muchas circunstancias imprevistas que nos invitan a fluir y atender lo importante (antes que lo urgente) para dar sentido a los acontecimientos no dependen solo de nosotros. Y ser conscientes de la mejor solución posible es dejarse llevar y abandonarse.

4. La metáfora del clip

Cuesta creer que el sencillo diseño de un clip lleve conviviendo con nosotros desde hace tres siglos. De autoría anónima, su diseño original permanece intacto desde 1899. Es el “diseño perfecto” pues con apenas un trozo enrollado de alambre, elástico y rígido al mismo tiempo, es posible sujetar papeles entre sí de manera efímera o no permanente. Es decir, mínima cantidad de material, máxima funcionalidad. Además, es una pequeña escultura de bolsillo (hay artistas que lo utilizan como materia prima para sus obras). La metáfora de la sencillez y su “eficacia” trasciende en estrategia en el contexto educativo.

5. El aire de la pelota

En un antiguo episodio de la serie “CSI Nueva York”, se presentaba el caso del asesinato (se da por supuesto) de una mujer. Su marido, en el duelo, se deshace de sus vestidos, fotografías y todos los recuerdos excepto una pelota de playa. Cuando el investigador le pregunta el motivo, pensando que la respuesta sería ser un regalo especial de su esposa ahora fallecida, él contesta: “su aliento permanece ahí guardado”. Es decir, ella la había inflado y contenía el aire que había estado en su interior. Y ahora es un símbolo de vida.

La metáfora educativa está lejana de esta historia, pero sí creemos que es cercana a la idea de que lo esencial o lo no visible, ofrece realmente la forma exterior y aparente de las cosas y los conceptos. Así, el aire interior no es el aspecto que más define la pelota a simple vista, sino su color, materia, forma, tamaño y uso. Pero sin él, el objeto solo sería un trozo de plástico inutilizado para el juego. El aliento sería pues, el sentido de nuestra acción educativa que nos invita en la escuela, no al hacer, sino a pensar porqué hacemos.

6. “La Educación es como una bolsita de té”

Esta es la metáfora que, en un seminario, ofreció una estudiante de Grado en Educación al solicitarle una descripción sobre su experiencia en la escuela durante las prácticas: “contiene la esencia de algo que se expande desde lo que permanece guardado en un sencillo envoltorio y además se disfruta con los sentidos pues permanece en el recuerdo gracias a su sabor, aroma y calor”. Y terminó la descripción de la imagen metafórica con esta idea: “y se degusta mejor en buena compañía y conversación con otras personas”.

7. La educación es… ¿ventana, espejo o pantalla?

Y todo es mirada y cristal. La ventana nos permite, desde el espacio interior, encuadrar la realidad del exterior para mirar más allá de lo inmediato. El espejo es el auto-reflejo o duplicado simétrico de ese otro “yo” al que asomarnos para conocernos mejor y entender mejor a los demás. Y la pantalla es límite que desdibuja y a veces confunde la realidad y la virtualidad. Entonces, mirar “a través” de un cristal no es lo mismo que mirarse “en” un cristal. La Educación actúa como espejo que devuelve el eco de quién soy yo para después ser ventana al mundo que enfoca el quiénes somos nosotros. Que seamos presencia o posibilidad, reflejo o proyección, realidad o virtualidad dependerá del relato que escribamos en cada cristal sobre el sentido educativo en el que creemos.

8. La Educación es… ¿fondo o figura?

La educación se produce en un contexto interrelacionado en el que la “figura” y el “fondo” se necesitan mutuamente. Cuando el proyecto se realiza de manera coherente, las interacciones entre el fondo y la figura son flexibles y están compensadas. El adulto proporciona un fondo estable y permanente para que destaque y brille la “figura” de los niños. De esta manera, pueden tomar conciencia de sí mismos y de sus capacidades al sentirse reconocidos y seguros para así avanzar en la aventura de lo que está por venir.

9. El camino de migas de pan

Parecida metáfora aparece también representada en los cuentos mediante el rastro de migas de pan bajo los pies para desandar el sendero (las raíces) o, por el contrario, la construcción de torres o la trepa por plantas mágicas que desaparecen entre las nubes (las alas). La reiteración de las rutinas y rituales como la acogida, los cuidados, las envolturas y todo lo relacionado con la función maternante, constituye el primer suelo donde el niño se arraiga e identifica con las marcas iniciales o hitos del camino de la vida. Y en ese juego de ciclos narrado con otros, a la infancia le gusta el “volver a empezar” y las reiteraciones que reaparecen una y otra vez de manera idéntica y diferente en mil variantes. Nada es más tranquilizador para un niño como saber que el mundo sigue ahí y nada tan retador como el cambio mientras algo permanezca en aparente continuidad.

10. Raíces y alas

O anclas y velas, que es lo mismo. Echar raíces o tener alas (entre el cielo y la tierra) ofrece un anclaje firme y el permiso de volar alto y llegar lejos, a todas partes y a ninguna en la conciencia de necesitar tanto referencias nítidas como ideales. Esta disyuntiva no es una contradicción en su elección, ya que cada ser humano necesita de unos cimientos estables asociados al hogar, la familia o cualquier construcción afectiva, los valores, la seguridad y la plenitud. Y, al mismo tiempo, el permiso del riesgo y el deseo de crecer. Las raíces son también la pertenencia a una comunidad de referencia, el vínculo y apego a otras personas en la continuidad y la presencia. Estas raíces permiten confiar en las propias capacidades y reconocer las limitaciones. Y en este dilema, “somos” toda la vida.

Una última metáfora para navegantes…

El espíritu de la infancia es nómada y sedentario al mismo tiempo, ya que precisa tanto de anclarse como de echar el vuelo al aire. De lo estático a lo dinámico y viceversa, pero siempre hacia delante, pues “más lejos” no equivale siempre a “más alto”. Es necesario pues, poder regresar a ese puerto inamovible en sus coordenadas (las raíces) que ofrece seguridad a los exploradores cuando se disponen a aventurarse más allá de los confines conocidos (las alas). La metáfora náutica nos explica y da permiso en la alegría de perdernos y de volver a encontrarnos, pero no para “destruirnos” sino para sentir el leve y momentáneo vértigo del extravío que es la propia deriva aceptada voluntariamente.

El sentido de lo que ello expresa no habita en la congruencia de los signos de la lengua, sino en sus opciones y “formas otras” de conocer, pensar, sentir y vivir, pues los niños comprenden las cosas como si fueran soñadas en un mundo de imágenes sin nombre, al que más tarde regresan para extraer su jugo y verdadero saber. De esta manera, la infancia es un rompecabezas de retazos de memoria: imágenes, emociones, nostalgias, impulsos, sensaciones y también, ¡metáforas! Piezas que parecen separadas, pero que encajan, combinan y se unen unas con otras, aunque de entrada no se distinga el dibujo del puzzle que conforman y sea necesaria la paciencia y la calma espera. Y ahí aparecen de nuevo las raíces que extraemos de cada objeto, olor, sabor o color, entrañadas en lo profundo de su recuerdo para “volver a ser niño”, como dice el filósofo Roger-Pol Droit.

La metáfora relacional y la casa de tod@s

Es esa que nos explica y nos une en la vida de relación para expresar lo inefable o aquello que no puede ser dicho, explicado o descrito con palabras por tener diferente naturaleza o sustancia, por ser sutil o basada en la evocación de procesos divergentes y singulares.

La “experiencia metafórica” compartida realiza un traslado del sentido semántico de la palabra y las ideas, a la interacción lúdica y afectiva de las personas. Así, esa construcción comunitaria de la metáfora relacional no puede ser expresada de otra manera, pues necesita de otros para el encuentro en su significado. La metáfora en relación colabora entonces para describir semejanzas y no comparaciones que representen esos valores e ideales compartidos por una misma comunidad de interpretación (en nuestro caso, la Educación). El colectivo que se representa a través de las metáforas, amplia y significa su sistema de valores al sentirse reconocido socialmente mediante un lenguaje propio que otorga sentido de pertenencia y diversidad en la intención del mensaje pedagógico.

Y si la Educación “no es un cubo a llenar, sino una llama a encender”, que lo único que rescatemos de la casa ardiendo sea el “fuego” para que la Educación Infantil siga siendo la casa común a la que siempre podamos regresar, pues guardaremos sus llaves toda la vida. Y ya no es una cuestión de metáforas, sino de prioridades. Y ahora más que nunca.

Algunos libros para continuar profundizando

Os dejamos algunos libros que quizá os interesen. Nosotros siempre recomendamos el comercio local y de cercanía por lo que puedes ir a tus librerías de confianza. Si quieres hacerlo online, te facilitamos los enlaces:

Javier Abad y Ángeles Ruiz de Velasco
Javier Abad es Doctor en Bellas Artes y artista Visual y Ángeles Ruiz de Velasco es Doctora en Ciencias de la Educación. Son profesores de Grado en Educación Infantil y Educación Primaria.

5 Comentarios

  1. Una vez mas nos hacéis reflexionar, revisar nuestros pensamientos mas profundos en relación a la acción educativa. Ya os seguía de antes pero quedé encandilada cuando tuve la posibilidad de escucharos en directo en un congreso que tuvo lugar en Madrid. Tengo vuestros libros, y aun ando enfrascada con el segundo. Gracias por vuestro trabajo . Un abrazo de una maestra gaditana.

  2. Me maravilla leeros. Se de vuestra existencia y vuestro sentir a través de mis actuales compañeras, de las cuales no dejo de aprender y que me han hecho sentiros sin conoceros personalmente. Siempre a través de otros, que mágica es la vida, que mágica es nuestra profesión…que pena que no se extienda como este virus diabólico que nos ha sumido en tanto dolor…pero al mismo tiempo en tanta reflexión. Espero que
    en el transitar de estas emociones opuestas sepamos sacar, ver y poner en practica los aprendizajes que nos deja.
    Gracias por ser, estar y existir.

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