La importancia de la reflexión sobre lo que transmitimos durante los cuidados.

Es un hecho que una de las labores esenciales en las escuelas infantiles son los cuidados. Definamos pues los cuidados: según la OMS «son el conjunto de actividades y el uso de recursos para lograr que la vida de cada persona esté basada en la vigencia de los derechos humanos». Y apoyándonos en esa definición nosotros/as nos referimos a cuidados en la escuela infantil cuando hablamos de cubrir las necesidades básicas de los/as niños/as de 0 a 3 años que aún no son capaces de cubrir por sí mismos/as y que conforman las rutinas. Y los enumeramos: alimentación, higiene y descanso.

Estos cuidados, en la primera infancia, tienen una relación muy estrecha con la educación, pues entre los 0 y 3 años, las criaturas empiezan a realizar aprendizajes relacionados con las tres áreas del currículum de Educación Infantil: Conocimiento de sí mismas y autonomía personal, Conocimiento del entorno, y Lenguajes: comunicación y representación, y lo hacen de manera inconsciente; al descubrirse las manos, agarrar y llevar objetos a la boca, con el cambio de lactancia materna a los primeros purés, en la interacción con el/la educador/a en el cambiador y un larguísimo etcétera. Así podemos deducir que en cada momento de su vida están aprendiendo, principalmente a través de los cuidados y del juego libre. Y que no tiene porqué mediar una labor educativa, pues como numerosos/as pedagógos/as, psicólogos/as y científicos del ramo han demostrado en multitud de ocasiones (cognitivismo, socio-constructivismo, enfoque cognitivo-constructivista, investigaciones neurocientíficas, …), los humanos construimos nuestros propios aprendizajes a partir de nosotros/as mismos/as, el entorno físico, las relaciones adultas y con los iguales, sin que haya una intencionalidad educativa específica. Esto es reconfortante y a la vez digno de una profunda reflexión; ya que tal y cómo les acompañemos en la investigación de su cuerpo y su entorno, tal y cómo se presenten los espacios, tal y cómo sean nuestras acciones individuales y para con ellos/as, tal y cómo facilitemos las relaciones entre iguales, …; así aprenderán.

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Y todo esto nos lleva al tema que nos ocupa: los cuidados en la Escuela Infantil.

Como profesionales en continua formación, defensores de los derechos de la infancia y profundos creyentes de la posibilidad de crear un mundo más justo y agradable para todos y todas, las labores que se realizan en la escuela conllevan una profunda reflexión por parte de todo el equipo educativo, precisamente porque sabemos que cada acción o inacción puede conllevar un aprendizaje.

La alimentación: desde la Escuela Infantil concebimos el momento de la alimentación como una oportunidad para transmitir a las criaturas respeto y confianza en sus capacidades, en su autorregulación natural y en su progresiva adquisición de autonomía. Es además, y no menos importante, un momento privilegiado en la relación entre educador/a y niño/a que debe debe ser vivido con placer; no se trata simplemente de alimentar a una criatura, de nutrirla; si no de acompañarla en el descubrimiento de sabores, texturas y olores; en el placer de satisfacer su necesidad. Esperando a que la atención recaiga sobre este momento, a la plena consciencia sobre el acto, esperando a que pidan la cucharada o el biberón, les transmitimos que son ellos/as quiénes guían la comida; es su hambre. Acorde al nivel de desarrollo motor y cognitivo plantearemos este momento siempre respetando el libre movimiento de sus extremidades (comida en regazo, tumbado, semi-tumbado o sentado; comida en mesa individual; comida en mesa social).

La higiene: desde la Escuela Infantil consideramos este momento privilegiado, individual e íntimo como oportunidad para transmitir a las criaturas respeto y confianza. Anticipando verbalmente cada acción, esperando su consentimiento y/o aceptación, nombrando las partes de su cuerpo involucradas, pidiendo colaboración y realizando las acciones con suavidad y ternura, damos una oportunidad de aprendizaje en el conocimiento de su cuerpo, en la relación con el mismo y en cómo deben tratarlo los demás. Acorde al nivel de desarrollo cognitivo y motor plantearemos este momento siempre respetando el libre movimiento.

El descanso: el último de los tres cuidados y no menos importante. Desde la Escuela Infantil lo entendemos igualmente como privilegiado e individual. Una oportunidad para facilitar una relación sana con el sueño. Una relación basada de nuevo en la autorregulación. Y por ello nuestro papel es el de observador/a objetivo del cansancio; acompañante respetuoso, amable y tierno hacia el lugar(pensado y organizado acorde al nivel de desarrollo madurativo) de descanso; transmisor de confianza y seguridad que facilite la conciliación del sueño; y por último y en la línea de transmitir seguridad, tenemos que ser ese adulto coherente, que cumple con la palabra dada estando ahí en el momento del despertar.

Así que aliento a la reflexión y, una vez más y siempre, abogaré por los cuidados de calidad; en los que el tiempo no es importante; en los que la relación privilegiada es lo primordial; y en los que se transmite, o al menos se intenta transmitir, nada más que aquello que se pretende.

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