Innumerables reflexiones, negaciones, tiempos de espera vacíos anuncian el primer encuentro virtual con el alumnado después de dos meses de confinamiento educativo.

Ha llegado el maravilloso momento de sentir, vivir, compartir, construir, disfrutar de procesos educativos llenos de amor, honestidad, conexión, respeto, acompañamiento, emociones, oportunidades, alientos y vínculos enraizados en la cotidianeidad educativa pre-pandémica.

Respeto, juego, experiencias... es lo que encontrarás por aquí.
Si te mueve la infancia, te mandamos un artículo semanalmente.

Llevamos dos meses sin verlos, oírlos, abrazarles y sentirles con el corazón, la mente y el alma. ¿Se han perdido esos vínculos fugazmente?, ¿se han transformado en rechazo?, ¿sembramos dependencias?, etcétera.

Dos meses de acercamientos superficiales más bien dirigidos a su mundo adulto, dos meses de tiempos empleados en actividades colectivas, dos meses de emails fríos, dos meses de desconexión afectiva, dos meses sin miradas, dos meses sin abrazos, dos meses sin rutinas, dos meses sin “buenos días, ¿cómo estás?, estoy muy contento de verte de nuevo”, dos meses sin complicidades infantiles, dos meses sin contar un cuento que nos invite a soñar, dos meses sin garabatear, dos meses sin toses, dos meses sin disfrutar de un lenguaje en ebullición, dos meses sin quitar y poner pañales con delicadeza, dos meses sin llorar con sus lágrimas, dos meses sin…ellos y ellas.

Pues ha llegado el momento de vernos desde nuestras casas y refrescar vínculos, el COVID-19 nos ha robado dos meses.

Nervios, incertidumbre, ánimo, ilusión, calma…, montaña rusa de emociones dónde los vagones están a punto de reencontrarse. Llega el momento, la plataforma de comunicación ZOOM nos indica que ingresemos la contraseña y entremos a la sesión programada.

Dos grupos de 3 a 4 niños/as, niños y niñas de 2 a 3 años, plataforma ZOOM, mes de Junio, tiempos de 30 minutos aproximadamente y propuestas educativas (peluches Hipo y Pepe, canciones conocidas del aula (Dos coches chocaron…, Buenos días…, Debajo de un botón…, Manos arriba…), cuentos de referencia, objetos motivadores (armónica, pompero, nariz de payaso…), actividad con cubitos de hielo…)

Tenemos ensayada la sesión, mi compañera tiene un gorro con cuernos y la veo preparada en cuerpo y alma para vaciarse, echamos unas risas cómplices e interiorizamos el mensaje “vamos a disfrutar”.

Allí están, en distintas pantallas, sentados, atentos, tranquilos, expectantes, acompañados por un adulto que les cede el protagonismo (gracias de corazón por vuestra actitud y comprensión ante este momento), aparecen más pantallas, se hace visible el asombro y la alegría, señalan y nombran a los compañeros y compañeras (Leyre, Abel, Pablo, Candela…y echando de menos al resto del grupo), Abel enseña su casa y  habla  de un “bichito” que le impide salir a montar en bici, Candela tiene problemas de audio pero no pierde ni la sonrisa ni la mirada, Leyre está acompañada por su hermano y hermana y va lentamente dibujando una sonrisa en su rostro, Pablo se quiere meter en la pantalla, todos nos quieren contar y enseñar cosas…

Nacen diálogos espontáneos y amorosos en torno a juguetes que nos enseñan (una pizarra, construcciones, un helado de tela, un cohete lunar…), emergen miradas acompañadas por un “te quiero” y su devolución en forma de “e quiero”, brotan silencios aliñados de amor y conexión,  se narra el cuento de un topo al que le hacen caca encima pero que suena a felicidad, aflora una despedida con besos al aire, lenta y dulce, unas pantallas que se van apagando como si fuera un caracol haciendo “footing”, un silencio entre educadores que da paso a una narrativa de lo sucedido:

Precioso, conmovedor

 Me ha encantado

Gracias compañera por ser cómo eres

Han marcado ellos el ritmo de las propuestas a través de su curiosidad y espontaneidad

No nos hemos solapado en las intervenciones

En la próxima sesión vamos a juntar a los dos grupos

Qué pena que haya fallado el audio a Candela

Me ha escrito una mami y esta emocionada de verlos tan felices

Qué pena haber empleado dos meses en otras cosas necesarias, pero no tan vinculantes

Hago el acta de la sesión y lo nutrimos entre ambos

Te he enviado capturas de pantalla de la sesión

Los familiares de Silvia y Hugo han enviado unos dibujos pintados con sus ojos (Silvia pinta al monstruo rojo Pepe y su profe, Hugo pinta viéndonos muy contentos)

Desconecto que necesito disfrutar del silencio de mi llanto

¡Ese gorro de dónde lo has sacado, jajejijoju!.

Maravillosamente maravilloso y con ganas de más, mejor y siempre.

Giro a la derecha y veo el último libro que me he comprado (“Educar en el vínculo”, Rafa Guerrero, editorial Plataforma Actual) y leo: “…en este libro encontrarás explicaciones claras y prácticas sobre la importancia de la conexión y la vinculación con nuestros hijos…”

Después de dos meses, parecía mentira, la conexión y la vinculación con los más pequeños está ahí, viva, estable, fresca, intacta, libre de creencias adultas, regada con afectos, tiempo, respeto, acompañamiento, empatía, mimos, asertividad, palabras, estímulos y presencia.

A lo mejor la conexión y vinculación entre las personas no se pierde por la falta de contacto físico o wifi (¡jejeje!) y si perdura por semillas educativas (escucha, espera, dulzura, cordialidad, empatía, empoderamiento…), huellas afectivas, caminos recorridos con los zapatos del respeto, a lo mejor…¡¡eh!!

Sami El-Mimeh García
Soy un profesional de la educación en todas las etapas educativas (actualmente en 0 a 3 años en una Escuela Infantil-Casa de Niños/as "Érase una vez...", Moraleja de Enmedio, Madrid), pero también estoy como educador especializado en participación infantil en el Consejo de Infancia y Adolescencia de Leganés (gestionado por el Ayuntamiento de Leganés y la ONG "Save the Children")

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