Durante muchos años he contado a las familias los avatares de la escuela, los juegos de sus hijos e hijas, sus intereses y anécdotas; también he compartido mis inquietudes e ilusiones con ellas y he creado escenarios y exposiciones fotográficas, cuadernos de relatos, murales y textos elocuentes, dossiers abultados y  vídeos emotivos que pudiesen dar buena cuenta de lo que sus ojos se habían perdido en el tiempo escolar cuando lo laboral no conjuga con el verbo conciliar. También les he contado   lo que mi interpretación había guardado en la memoria, y de la ilusión de cada equipo  puesta en esos testimonios como un acto de presencia y de amor.

Esto  sucedió en diferentes escuelas, algunas mías y otras de las que me adueñé con el tiempo, pero en cada una , desde luego, existían historias diferentes, diversas en sus matices , en su arquitectura, en su cultura comunitaria…y esto hace que las historias se transformen, que sean únicas y por tanto, irrepetibles. No existe una documentación igual a otra, porque no existe una réplica de centro escolar, ni un ser humano idéntico a otro que contribuya haciendo  la escuela .

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Con el tiempo he descubierto que si creamos un sistema que permita recoger información valiosa de los niños y las niñas en las escuelas, organizarnos los tiempos que dedicamos a elaborar su estructura y nos mantenemos firmes en nuestro rol de investigadores en el aula, podemos crear auténticos testimonios que ilustren y evalúen los procesos de enseñanaza y aprendizaje.

Un acercamiento a su definición

La documentación pedagógica es un elemento narrativo, complejo, subjetivo, que tiene como principal objetivo dejar una huella testimonial en las escuelas, que ponen de relieve , y como protagonistas, a los niños y a las niñas.

Estos testimonios  recogen periódicamente las vivencias de los pequeños, sus procesos de desarrollo, sus conquistas, sus ritmos y diálogos, algunas veces podrán ser historias pequeñas, domésticas, cotidianas, singulares y otras serán grandes proyectos, caminos arduos de tierra y barro, de principios, finales y recovecos, quién sabe…todo depende del narrador.

La Documentación pedagógica es una herramienta para reflejar la vida de los pequeños en la escuela, para decir «te veo», «te escucho», a través de diversos y variados instrumentos de registro: fotos, vídeos, audios, tablas, descripciones literales, anécdotas.

Más que una foto bonita, contenido y continente

En muchas ocasiones se interpreta la herramienta documental como un mero ensayo y error entre murales bonitos de fotografías. A veces niños estáticos, bien peinados (y sin mocos) han sido objeto de colección para  exposiciones vacías de contenido en las que no hay nada que mostrar, más que «lo bien que se portan» y lo limpia que está la escuela, o el control majestuoso del adulto sobre el territorio infantil. Nada más interesante que contar , ninguna historia con verdad que revele la realidad de los niños y las niñas, su esencia, su escuela, sus vivencias, con todas sus imperfecciones, sus ruidos, cantos, migas por el suelo, llantos, aromas y matices.

La documentación pedagógica es una mirada con contenido, con interpretación y reflexión profunda por parte de los maestros y/o educadores que acompañan los procesos de aprendizaje y desarrollo de los infantes, no es una exposición meramente estética, un vídeo recogido al azar o un informe de copia y pega. Que lo estético está muy bien, pero no lo es todo. Que una invitación a un rinconcito privado de la escuela, para crear una atmósfera adecuada, en una exposición de fotos por ejemplo, es muy valiosa desde luego, pero también lo es aquel trabajo implícito del docente, capaz de dar voz a la reflexión del camino recorrido, al sentido pedagógico, a todo el proceso y la observación dedicada al juego del niño.

La documentación pedagógica revela los trayectos que el niño ha recorrido para comprender el mundo, el entorno de la escuela,  revela aspectos de su personalidad, sin etiquetas, sin sentencias rimbombantes, sin juicio. Atiende también al desarrollo, y a sus múltiples aristas (social, afectiva, cognitiva, motriz, sensorial, vital…) compartiendo con las familias las competencias ganadas, las conquistas aprehendidas y los senderos transitados para lograrlas.

Desde luego, cuando hablamos de documentación pedagógica, no hablamos de fotos bonitas, hablamos de contar historias de niños y niñas, de escuelas concretas, de maestras/os y de educadores reales, de directivos comprometidos; porque detrás de la fotografía, del vídeo, del atrezo (que es lo explícito), «ese momento robado al juego» a través de la cámara, del ojo del buen docente: se traduce en una muestra que convierte lo íntimo en público, que colma de interpretación esas imágenes. Con palabras,con estética y poesía (visual y textual) para hacer visible la infancia, para hacer visible el protagonismo que pregonamos los maestros que hacemos escuelas amables,  para darle voz al juego de los niños y redefinir  también el trabajo de los centros educativos.

Los tres ingredientes

Si tuviese que establecer solo tres ingredientes para elaborar una buena documentación pedagógica (cual genio de la lámpara) diría que necesitamos estos tres elementos fundamentales:

El silencio.

Para poder observar y tomar registros de lo que sucede es imprescindible que cerremos la boca y abramos el espíritu, que demos espacio acústico y físico a los pequeños para que puedan jugar su juego sin intervenciones absurdas y guías estereotipadas. Simplemente se trata de dejar que la experiencia lúdica se desarrolle con toda su biología y todo su poder. Porque cuando los adultos hacemos silencio, suceden acontecimientos maravillosos con los niños que no aparecen en otras circunstancias. Además, la sensibilidad dormida del maestro/a puede salir a flote en el sosiego del silencio sin interrupciones. Porque en presencia plena los ojos lo dicen todo sin decir nada. Creo que todos nacemos sensibles de serie al juego de la infancia, lo que pasa es que nos callamos poco para poder escuchar(nos)…

La observación sistemática.

Cuando conseguimos apagar la voz propia, interna y externa, el juicio, la intervención inadecuada, etc. comenzamos a entrenar otra forma de mirar, otra manera de interpretar el juego; de percibir lo que sucede. Vemos cómo, a través de la ceguera que reinaba antes, empiezan a clarear acciones nuevas, ritmos y patrones de movimiento que habían pasado inadvertidos, gestos y vínculos crecientes, diálogos y símbolos…todo empieza a cobrar un sentido distinto, a llenarse de interpretación y significado. Esa observación sistemática es la que nos brinda la oportunidad de ajustar nuestra práctica en función de las necesidades de los niños. Diría también que es la herramienta más potente (junto con la humildad) de evaluar la tarea docente para que sea significativa para los infantes.

El tiempo.

Es un elemento escaso en las escuelas, lo sé, pero merece la pena tomar de él un trocito para crear sistemas de trabajo documental que nos permitan evaluar de un modo más humano, más realista, más funcional. Diría que esto de «hacernos un hueco en la agenda» para dedicarle tiempo a la documentación está más relacionado con la intención que con la posibilidad. Por ello suelo darle prioridad a esta herramienta, organizando tiempo y espacio en función de la documentación. Cómo, quiénes, dónde, cuándo, para qué, para quiénes…Hazte estas preguntas con frecuencia y procura elaborar un sistema de trabajo documental, porque si tienes la  intención será más difícil claudicar.

 Y entonces… ¿Para qué sirve la Documentación pedagógica?

Como elemento narrativo, interpretativo y de evaluación, el testimonio pedagógico en sus múltiples formatos (vídeos, audios, murales, dossier, etc.) puede tener beneficios en la praxis educativa que desde luego impactarán en el bienestar de los niños y las niñas, algunos de ellos son los que expongo a continuación:

  • Sirve de testimonio público para revestir las paredes de la escuela o el aula y compartir con la comunidad educativa estos hallazgos en materia educativa. Sirve para visibilizar lo importante de lo superfluo, lo relevante de lo corriente.
  • Sirve para profundizar en la observación (aunque nos genere más preguntas) y nos ayuda a elegir el foco de intervención adecuado. Transitar un poco de incertidumbre en el proceso documental nos transforma y enriquece, nos pone a prueba y nos hace más creativos.
  • Sirve para mejorar nuestras prácticas educativas dando valor a las experiencias de enseñanza y aprendizaje y generar cambios pertinentes en ellas.
  • Sirve para conocer a los niños y a las niñas que tenemos delante,  tomarnos el tiempo necesario para saber cómo acompañarlos, sin que nadie pase desapercibido, el tímido, el intrépido, el voraz, el atrevido, el sensible, el movedizo, el audaz, ¡TODOS!
  • Sirve para conocer y reflexionar sobre la oferta de materiales y propuestas. ¿Qué les ofrecemos a los niños, cuánto tiempo, en qué escenarios?
  • Sirve para preguntarnos qué ambientes les hacen felices a los niños y a las niñas, cuáles utilizan más y de qué modo. ¿Debo modificarlos, son pertinentes a los intereses de mis pequeños, tienen sentido para ellos, se divierten, gozan, se aburren…?
  • Sirve como herramienta científica, sin serlo estrictamente hablando, nos permite reflexionar, sacar hipótesis sobre la conducta de los infantes, su modo de resolver los conflictos, su capacidad creativa ante situaciones novedosas o materiales diversos.
  • Así mismo, nos permite sacar conclusiones y ajustar nuestra práctica a las necesidades de los niños y las niñas.
  • La Documentación Pedagógica permite abdicar la voz del maestro sobre la del niño, porque se nutre del silencio de la observación constante para poder recoger datos, información pertinente, etc.

En definitiva, para mí contar historias sobre los niños, sobre la escuela, sobre  las aventuras que encierra la infancia, hablan del compromiso social con nuestro trabajo, hablan de la educación como oportunidad y del maestro como testigo, pone al corriente a los padres de aquello que se han perdido, pone delante a los niños y destila el valor del acompañamiento y de la calidad en los cuidados.

Porque si en una escuela hay documentos que revelan la historia de un infante, significa que hay alguien que siempre está observando, registrando, valorando, disponible para los niños y las niñas.

Silvia Soria Ferrer

Contemos historias pues, bien estructuradas, con significado, con continentes estéticos pero también con contenidos relevantes, que traspasen los muros de la escuela, que inviten a las familias que nunca pueden o nunca llegan, que descubran al niño que pasa desapercibido, que revelen proyectos minúsculos pero de grandes dimensiones simbólicas. Contemos historias que dejen huella, visible, tangible y revisable…porque es de humildad docente volver al camino andado para hacerlo mejor y más transitable a nuestros alumnos.

Os invito a contar historias de la escuela, seguro que en las vuestras existen muchas, y vosotros seréis testigos de ellas este curso.

En los tiempos que corren es una gran oportunidad poder dar voz a la infancia con vuestros testimonios, porque no creo que en la sociedad actual haya nadie que sepa más sobre los niños y las niñas que los maestros/as y educadores.

Algunos libros para compartir la mirada

Para entender mejor esta mirada, os dejamos por aquí una pequeña bibliografía. Nosotros siempre recomendamos el comercio local y de cercanía por lo que puedes ir a tus librerías de confianza. Pero si quieres hacerlo online, te facilitamos los enlaces:

6 Comentarios

  1. Me alegro que te resulte interesante Cristina, ojalá poco a poco todos los docentes podamos construir testimonios de nuestros niños y niñas. Un abrazo grande.

  2. Sin duda la documentación pedagogía deberia ser un bien preciado para los papas que dejamos a los pequeños en la escuela, una forma de estar presente en todos sus avances, sus logros, anécdotas… de sentirnos cerca sin estar allí, y sin duda tu siempre lo consigues

    • Gracias por tus palabras Victoria, me alegro que percibas esa sensación a través de los relatos y testimonios de las documentaciones que has recibido. Un abrazo grande.
      Silvia

  3. Hola!

    Soy mamá que le han entregado la documentación pedagógica de su niño y es algo muy especial. De como el acompañante puede tanto en videos, fotos ,plasmar luego en palabras bajo esa visión del día a día del niño. Partes en las que dices ese es mi pequeño en casa y otras en las que te asombras de como te transmiten otra visión de como es tu pequeño en el juego, con sus compañeros, con sus acompañantes, como es su reacción en cada propuesta que les hacen día a día.

    Cuando lees y ves se siente mucha emoción pero sobretodo ante este trabajo como madre te hace sentir tranquila y feliz. Como los maestros, educadores, acompañantes, sin conocer a los peques nos hacen transmitir sus vivencias y día a día hagan por conocer a los peques, saben sus inquietudes y sus emociones….

    A día de hoy sigo leyendo las pedagogías de mi pequeño cuando estaba en su escuela infantil , y es maravilloso leer y ver esos cambios , en otros que sigue igual pero con más ansia por aprender, por jugar, por relacionarse. Porque cada etapa es una aventura a descubrir y que te la hagan llegar y reflejar cuando tu no los puedes ver es de valorar.

    Yo incluso e aprendido aún más de mi pequeño y a saber mejor llevar esas emociones o inquietudes a través de lo que me han transmitido los educadores a traves de esa parte en la documentación pedagógica.

    Siempre estaré agradecida por todo el cariño, amor, respeto, tiempo que dedican a los niños y niñas.

    Un cordial saludo.

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