Hace casi dos meses que un temporal de nieve cubría de blanco muchas comunidades. Dejó unos paisajes impresionantes, paró el tiempo por unos días, devolvió el juego a los más mayores, dibujó sonrisas en algunos niños y sobre todo dejó muchas huellas.

Caminabas por la calle y las había de todo tipo, de todos los tamaños, todas visibles a nuestros ojos. Entonces pensé, ¿nos damos cuenta de las huellas que dejamos en la infancia?

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Los niños y las niñas llegan a este mundo sin influencia alguna, como esa nieve blanca y esponjosa que aún no ha sido pisada. Y es aquí cuando los adultos que les acompañamos, vamos dejando esas huellas en ellos. Ya sea en la escuela o en casa, somos sus referentes, vamos de la mano hacia ese camino que empiezan a recorrer.

Pero no hablamos de una mano que tira de ellos, que les dice por dónde ir, qué hacer, qué decir, ni tampoco hablamos de una mano que les agarra sin más; es una mano que les ayuda a crecer y les acompaña en su desarrollo. Por eso es tan importante nuestra actitud y nuestra mirada a la infancia.

La espiral, como un símbolo de transformación y desarrollo.

Si pensamos en una espiral, esta va creciendo y creciendo, pasando por los mismos momentos pero con diferentes vivencias. Pues este es el recorrido que los niños y las niñas van haciendo si les dejamos ser. Se irán nutriendo de las experiencias que ya han vivido y también de las huellas que les dejamos. Desde que nacen, les estamos dando mucha información.

No es igual arroparlos con nuestras manos con nuestra piel, que dejarles largos periodos de tiempo solos en un carro.

No es igual sentarnos en el suelo, a su lado, mientras ellos exploran y descubren su cuerpo, que meterles en parques cerrados.

No es igual acompañarles en la conquista de la autonomía, que hacérselo todo “porque son pequeños”.

No es igual darles la seguridad que necesitan para explorar el entorno, que decirles mensajes como “te vas a caer, no puedes, eso es caca”.

No es igual dejarles libertad de creación y de expresión, que decirles como lo tienen que hacer.

Y no es igual respetar su proceso de aprendizaje (durante toda su infancia), que marcarles por donde deben ir según la expectativa adulta.

Por tanto, debemos tener en cuenta qué es lo que queremos para su crecimiento personal, ¿una nieve casi sin marcas que va de la mano o una llena de pisadas en la que no se sabe bien cuál es el camino?

Dependiendo de lo que elijamos, nos dejaremos guiar por las huellas que los niños y las niñas nos dejan. Tienen mucho que darnos: sus descubrimientos, sus aportaciones, sus experiencias, su entusiasmo y su inocencia, vienen para quedarse en nosotros.

Nos dicen que cada uno necesita su tiempo, que cada uno tiene un ritmo, que cada uno necesita una cosa diferente al de al lado para aprender, que cada uno tiene unos intereses, que lo que a uno le encanta al otro le produce rechazo, que muchas veces no les gusta lo que proponemos y sin más eligen otra cosa; en definitiva, que son personas como nosotros, dueños de ellos mismos y exploradores de este mundo que les rodea con nieve o sin ella.

Marta Fernández Alsina
¡Esta soy yo! Marta Fernández Alsina, Maestra de Educación Infantil con experiencia en el 0-3. Acompañando a los más pequeños a crecer, sentir, ser… Siempre aposté por la importancia de los espacios educativos, de su estética y belleza, por eso hice una pequeña formación en Diseño de Espacios Educativos. Y todas mis creencias sobre la infancia, mi mirada respetuosa y cercana, se multiplicaron por mil con mi maternidad. ¡Maravilloso!

1 Comentario

  1. Enhorabuena Marta. He leído con mucho detenimiento tu artículo, me ha emocionado.
    Es sencillo, claro, con mucha sensibilidad, fresco, natural y con una gran ternura.
    Haces un recorrido dobre evolución del proceso de aprendizaje de los niños, de cómo ayudarles a crecer, qué actitudes adoptar para que sepan ir construyendo su camino, no impornéselo pero sí darle información y herramientas para que poco a poco vayan consiguiendo sus sueños.
    Te animo a que sigas escribiendo, adelante.
    Puedes ayudar a muchos padres, e incluso a compañeros de profesión, si leen artículos de esta naturaleza

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